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La pérdida de nutrientes en el suelo impactaría en la calidad de los alimentos

Argentina Agricultura

Desde Fertilizar AC, advirtieron que este problema podría afectar la salud pública. La importancia de la nutrición balanceada en los cultivos.


La relación que existe entre la producción de alimentos y el hambre en el mundo es innegable. En más de una ocasión se mencionó que la pobreza en la Argentina no tenía razón de ser puesto que nuestro país produce alimentos para 400 millones de personas.

En rigor de verdad, esa frase no es del todo cierta porque no son alimentos de consumo humano, pero de todos modos queda claro que el vínculo entre la producción primaria y los productos que llegan a la góndola es real aunque no proporcional.La forma en que se producen, distribuyen y consumen los alimentos en el mundo debe ser observada y en este sentido, el sector agropecuario puede aportar algunas soluciones.

En la Argentina, Fertilizar AC planteó la importancia de la nutrición balanceada en los cultivos como una estrategia necesaria para disminuir el hambre “oculto”, relacionado a alimentos de baja calidad, que afectaría a 2.000 millones de personas en el mundo.

La entidad planteó la importancia de aplicar nutrientes no sólo para obtener más rendimientos de manera sostenible, sino también para mejorar la calidad de los granos que en algunas campañas no logran siquiera cumplir los requisitos mínimos para la producción de alimentos.La Ing. Agr. María Fernanda González Sanjuan, directora ejecutiva de Fertilizar, aseguró en diálogo con Ámbito que “los suelos pobres están íntimamente relacionados con las poblaciones pobres, a menos que esas personas tengan un determinado poder adquisitivo para suplir con suplementos nutricionales lo que el suelo no esta entregando.

Cuando hay una carencia de un nutriente -ya sea zinc, selenio o cualquier otro- eso se refleja en los alimentos que se cosechan y la carencia se convierte en una problemática de salud”.

San Juan explicó que “a nivel mundial existe una gran carencia de zinc y selenio, entonces se desarrollaron propuestas para que los alimentos que se produzcan puedan contener esos nutrientes y la única forma de acercarlos es a través de los fertilizantes, porque los suelos ya no los tienen.

Esta es la oportunidad la tienen los productores, la de resolver un problema que es de salud pública”.

Es indudable que el gran desafío para la agricultura moderna es manejar la nutrición de los cultivos a partir de un escenario de deficiencia de minerales en los suelos, que fueron retirados con la cosecha campaña tras campaña. Según el trabajo técnico de la entidad, los suelos argentinos muestran serias deficiencias de fósforo (P) y de zinc (Zn) en un 70% y 40% respectivamente.

Sin embargo, todo cambia cuando se reponen en el suelo los nutrientes necesarios: sólo con los “manejos frecuentes” se logra un 22% más de rendimientos pero si se realiza un análisis de suelo y una nutrición balanceada, se podría obtener otro 14% extra.

El problema es serio, porque difícilmente se pueda acceder a un mejor rendimiento si sólo el 30% de los productores realiza un análisis de su suelo. Menos aún si todos se enfocan en lograr mayor volumen, que en definitiva es lo que mejorar la ecuación económica de la unidad productiva.

La pregunta sería ¿Por qué voy a poner más inversión en nutrientes que no me reportan una mayor ganancia?

Según González San Juan, “el campo debe debatir esto puertas adentro, porque debemos producir alimentos de mejor calidad”. Es algo simple de comprender pero difícil para llevar a la práctica, porque la prioridad para mantenerse, crecer o consagrarse en el negocio agrícola esta marcada a fuego por la obtención de mayores rendimientos cuando el debate debería ser cómo producimos alimentos de calidad.

Martín Díaz-Zorita, profesor de la Universidad Nacional de La Pampa y coordinador del Comité Técnico de Fertilizar AC explicó a Ámbito que “hoy en Argentina es frecuente identificar que ante aumentos extraordinarios de rendimientos de trigo la concentración de proteínas tiende a disminuir. Agregó que “dependiendo del cultivo podrían no lograrse estándares mínimos para su comercialización o uso específico en la cadena alimenticia”.

Por ahora, según explica Díaz-Zorita, “son crecientes los casos en los que la industria de los alimentos está atenta al manejo de los nutrientes para cuidar la calidad de sus productos, esto es algo con lo que ya convivimos, en diferentes escalas y magnitudes” pero “no debemos descuidar que la condición actual de fertilidad de los suelos en los que se hace agricultura limitan los rendimientos.

Allí hay mucho para mejorar y si se logra, redundará en calidad. Al incentivar un aumento en la producción ganamos en mayores recursos para los suelos y cuidamos la composición de base de los granos”.

El problema es grave. Según confirman desde Fertilizar, sólo entre 2011 y 2018 se evidenció una disminución significativa de nutrientes esenciales en la zona núcleo.

La pérdida de nutrientes en promedio llegó al 83%, quedando la mayoría de las subregiones dentro del rango crítico, es decir insuficiente.

Ante esta realidad, los sistemas actuales de manejo y producción de cultivos no podrían garantizar lo necesario para una nutrición humana óptima, por lo tanto para combatir problemáticas vinculadas al hambre y la mal nutrición sería necesario implementar políticas de estado que contemplen el uso de fertilizantes en el campo como un insumo indispensable para lograr mejores alimentos.

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