Food News Latam - La caída del consumo asfixia a la industria alimentaria cordobesa

La caída del consumo asfixia a la industria alimentaria cordobesa

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Las ventas minoristas de alimentos en Córdoba cayeron 8,7% interanual en octubre., para los fabricantes, el dato importa más por su persistencia que por su magnitud. Durante 2026 la variación mensual se movió entre -8,1% y -8,8%, lo que indica una base de demanda estructuralmente más baja y no un bache estacional.

En una industria de alta incidencia de costos fijos, esa menor escala diluye la absorción de planta, encarece el costo unitario y comprime márgenes, incluso con precios que se ajustan mes a mes.

La inflación de octubre fue de 1,83%, dentro de la banda de 1,82% a 2,08% en la que se mueve desde junio. Esa estabilidad no devuelve previsibilidad al negocio, porque el acumulado ya dejó huella: la Canasta Básica Alimentaria subió 27,5% en lo que va del año y 34,4% interanual, hasta $1.152.275.

Los aumentos de julio en categorías de consumo masivo, como fideos y lácteos (6%), aceites (5%) y harina, azúcar y yerba (4%), mostraron que los costos todavía se trasladan a góndola.

La contracción de volumen demuestra, sin embargo, que la elasticidad de la demanda ya llegó a su límite: cada punto de precio adicional se paga con unidades que no se venden.

El canal es el segundo frente. Entre septiembre y octubre se relevaron 263 cierres de establecimientos en los principales conglomerados urbanos y corredores turísticos de la provincia. El comercio de proximidad es la vía de salida natural de muchas marcas regionales y de pymes elaboradoras que no tienen lugar en las góndolas de las grandes cadenas.

Cada baja reduce puntos de venta y cobertura de distribución, y acelera la concentración de la demanda en supermercados y formatos de descuento, que negocian con más poder en plazos de pago, bonificaciones y exigencias logísticas.

La cadena de pagos agrega presión. El 88,5% de los hogares recurrió a alguna modalidad de financiación para comprar alimentos, ya sea tarjeta, cuenta corriente en el almacén o cuotas, ese crédito se traslada aguas arriba: el comerciante, con ventas diferidas y mayor morosidad, alarga los plazos de cobro al proveedor.

Para el fabricante, esto significa más capital de trabajo inmovilizado, en un contexto de tasas altas y con hogares frágiles: en julio, más de la mitad no cubrió la canasta alimentaria y el 92% no podría sostener sus gastos más de un mes ante una pérdida de ingresos.

También cambia el mix de consumo, la ley de Engel indica que, cuanto menor es el ingreso, más del presupuesto se destina a alimentos, y que ante la restricción los hogares sustituyen antes de dejar de comprar.

La evidencia nutricional apunta en la misma dirección: el menor poder adquisitivo desplaza la demanda hacia productos de menor costo por caloría, con más harinas refinadas, azúcares y grasas, y menos proteínas animales, frutas y verduras. Para las empresas hay una disyuntiva evidente, por un lado, la presión por formatos económicos y segundas marcas.

Por otro, un espacio para propuestas de alta densidad nutricional a precio accesible, que además se alinean con el marco regulatorio de etiquetado frontal vigente en el país.

El escenario de corto plazo depende de variables que la industria no controla: el salario real, el costo del crédito y la supervivencia del comercio de cercanía. Mientras tanto, las respuestas pasan por reformular tamaños y precios por unidad, cuidar la cobranza, diversificar canales y proteger la eficiencia de planta.

Con inflación estabilizada pero sin recuperación de la demanda, el desafío ya no es trasladar costos, sino sostener volumen.

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