En el ecosistema emergente de innovación alimentaria en la Amazonía peruana, la historia de Nayeli Lozano Arostegui refleja cómo la formación académica y la investigación aplicada pueden converger para generar soluciones con impacto productivo.
Becaria del programa Beca 18 en la modalidad Huallaga, cursa la carrera de Ingeniería en Industrias Alimentarias en la Universidad Nacional Agraria de la Selva, donde ha destacado por su rendimiento académico y su enfoque en proyectos de valorización de subproductos.
Criada en el asentamiento humano Santa Rosa, en Shapajilla, dentro de una familia vinculada a la agricultura, su formación inicial estuvo marcada por el trabajo en cultivos como cacao, cítricos y yuca. Este entorno productivo no solo moldeó su disciplina, sino que también influyó en su interés por comprender los procesos de transformación de materias primas y su potencial industrial.
Su ingreso a la educación superior fue posible gracias a una estrategia de inclusión educativa que financia estudios universitarios a jóvenes de alto rendimiento en contextos vulnerables. La exigencia académica asumida por la becaria se refleja en su posicionamiento constante en los primeros puestos de su facultad, así como en su participación en iniciativas de investigación competitiva.
Uno de los hitos más relevantes de su trayectoria reciente es el desarrollo de un proyecto centrado en la microencapsulación de carotenoides obtenidos de residuos de crustáceos, particularmente del exoesqueleto de langostinos. Este tipo de desecho, abundante en la industria pesquera y acuícola, contiene compuestos bioactivos como astaxantina y otros pigmentos con propiedades antioxidantes ampliamente valoradas en la formulación de alimentos funcionales, nutracéuticos y suplementos.
La técnica de microencapsulación mediante coacervación compleja —utilizada en su investigación— permite proteger estos compuestos sensibles frente a factores ambientales como la luz, el oxígeno y la temperatura, prolongando su estabilidad y facilitando su incorporación en matrices alimentarias. Este proceso también mejora la biodisponibilidad de los carotenoides, optimizando su absorción en el organismo.
El proyecto, desarrollado durante seis meses en el Laboratorio Central de Investigación de su universidad, obtuvo el primer lugar en el programa de Iniciación Científica, compitiendo con propuestas de diversas disciplinas. La iniciativa se alinea con tendencias globales de economía circular, que buscan reducir desperdicios y transformar subproductos en insumos de alto valor agregado.
En la industria alimentaria, el aprovechamiento de residuos marinos representa una oportunidad creciente. Se estima que un porcentaje significativo del peso total de crustáceos procesados corresponde a subproductos, lo que abre espacio para su valorización en cadenas productivas más sostenibles. La conversión de estos materiales en ingredientes funcionales no solo reduce la carga ambiental, sino que también diversifica la oferta de compuestos naturales frente a alternativas sintéticas.
Además, la investigación en carotenoides ha cobrado relevancia por su asociación con beneficios para la salud, incluyendo efectos antioxidantes y potenciales aplicaciones en la prevención de enfermedades crónicas. Esto ha impulsado su demanda en sectores como alimentos fortificados, cosmética y farmacéutica.
Nayeli proyecta continuar su formación en estudios de posgrado y consolidar una carrera vinculada a la docencia universitaria y la investigación. Su enfoque está orientado a seguir desarrollando soluciones que conecten el conocimiento científico con necesidades productivas reales, especialmente en regiones con alto potencial agrícola y pesquero.
Su trayectoria evidencia cómo el acceso a educación de calidad, combinado con investigación aplicada, puede generar propuestas innovadoras capaces de transformar desafíos productivos en oportunidades sostenibles para la industria alimentaria.



