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Control de Campylobacter durante el sacrificio avícola define la calidad del pollo

Internacional Control Calidad

La calidad microbiológica de la carne de pollo continúa siendo uno de los parámetros más determinantes para la seguridad alimentaria de la industria avícola, dado que la presencia de microorganismos patógenos durante el sacrificio y procesamiento puede comprometer directamente la inocuidad del producto final y su aceptación comercial.

Entre los patógenos asociados a esta carne, Campylobacter se posiciona como una de las principales causas de enfermedades transmitidas por alimentos en la Unión Europea, con las canales de pollo identificadas como uno de los vehículos de contaminación más frecuentes durante las distintas etapas de faenado, manipulación y procesamiento. Esta relevancia sanitaria llevó a que la normativa europea estableciera un criterio microbiológico obligatorio de higiene para los mataderos de pollos de engorde, cuyo cumplimiento debe ser verificado mediante controles oficiales por parte de las autoridades competentes.

El estándar regulatorio ha evolucionado hacia exigencias cada vez más estrictas. Hasta 2019, se toleraba que hasta 20 de cada 50 muestras superaran el límite de 1,000 unidades formadoras de colonias por gramo de piel de cuello; ese margen se redujo posteriormente a 15 muestras y, desde 2025, el criterio permite que solamente 10 muestras excedan dicho umbral, un endurecimiento progresivo que refleja la búsqueda constante de menores cargas microbianas en las canales como garantía directa de mayor seguridad alimentaria.

Un estudio realizado entre 2018 y 2021 en tres mataderos españoles, con el análisis de 500 muestras de piel de cuello recolectadas por servicios veterinarios oficiales, buscó determinar si el orden de sacrificio de los lotes durante la jornada laboral influye en los niveles de contaminación. La hipótesis parte de que, a medida que avanza la jornada, los equipos y superficies del matadero entran en contacto con sucesivos lotes de animales, lo que abre la posibilidad de contaminación cruzada entre canales.

Los resultados globales mostraron un recuento promedio de 2.73 log ufc/g de Campylobacter, con un 17.2% de las muestras sin detección del microorganismo y un 49.1% superando el límite normativo de 1,000 ufc/g. Sin embargo, al analizar los tres mataderos en conjunto, no se encontró una relación estadísticamente significativa entre el orden de sacrificio y los niveles de contaminación, lo que sugiere que este factor, por sí solo, no determina de manera uniforme la calidad microbiológica del producto.

El análisis individual de cada planta reveló matices importantes: en dos de los tres mataderos evaluados, el orden de sacrificio no modificó de forma relevante los recuentos bacterianos, mientras que en el tercero los primeros lotes procesados registraron niveles menores de contaminación respecto a los lotes sacrificados más tarde en la jornada. Este hallazgo indica que las características particulares de cada instalación —sistemas de limpieza, desinfección y gestión operativa— pueden tener mayor peso sobre la calidad microbiológica que la simple secuencia de procesamiento.

Entre los factores que inciden en la acumulación progresiva de Campylobacter durante la jornada se encuentran la contaminación gradual de equipos, superficies y agua de proceso al entrar en contacto con animales portadores del patógeno, así como la eficacia de los protocolos de limpieza aplicados al cierre de cada turno. La refrigeración adecuada de las canales también resulta determinante, ya que una reducción rápida de temperatura limita el crecimiento bacteriano, aunque temperaturas excesivamente bajas pueden generar congelación parcial y afectar la capacidad de detección del microorganismo en los análisis de laboratorio.

Para la industria avícola latinoamericana, que enfrenta estándares de exportación cada vez más exigentes hacia mercados con regulaciones sanitarias estrictas, el caso subraya que la calidad microbiológica del pollo depende de la interacción entre múltiples variables operativas, y que la inversión sostenida en programas de limpieza, desinfección y control microbiológico constituye una estrategia central para preservar la confianza del consumidor y garantizar la competitividad del producto en toda la cadena alimentaria.

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