Los suplementos alimenticios se consolidaron como uno de los productos preferidos para el cuidado de la salud en Chile, disponibles hoy en múltiples presentaciones farmacéuticas: comprimidos, cápsulas, polvos y bebidas. Su popularidad creciente, sin embargo, no elimina un punto central que especialistas en nutrición repiten de forma consistente: la composición, la forma, la concentración y la capacidad de absorción del organismo son variables determinantes que el consumidor promedio suele pasar por alto al momento de elegir un producto.
La necesidad individual, primer filtro antes de comprar
Nutricionistas consultados coinciden en que la principal advertencia para cualquier consumidor es no elegir un suplemento únicamente porque otras personas lo consumen. Las necesidades nutricionales varían considerablemente de una persona a otra, por lo que un producto adecuado para alguien no necesariamente cumplirá el mismo propósito en otro caso. La recomendación profesional más consistente es consultar con un especialista de la salud antes de incorporar cualquier suplemento a la dieta, capaz de determinar si existe realmente una necesidad de suplementación y qué composición y dosis resultan apropiadas para cada perfil.
Entre los factores concretos que ese profesional debería evaluar figuran la composición corporal, los antecedentes médicos, los requerimientos energéticos según los objetivos de la persona, el nivel de actividad física y los hábitos alimenticios, incluyendo posibles intolerancias o alergias alimentarias.
El marco regulatorio chileno y sus límites
En Chile, el Ministerio de Salud define mediante la Resolución N°394 de 2002 qué ingredientes están permitidos en un suplemento alimenticio, además de fijar límites mínimos y máximos de vitaminas y minerales junto con las dosis diarias recomendadas. Especialistas de la Universidad de Chile advierten, sin embargo, que esta normativa no incluye una serie de nutrientes utilizados para prevenir o complementar el tratamiento de enfermedades crónicas no transmisibles, muchas de ellas asociadas a una alimentación poco saludable, lo que vuelve todavía más relevante revisar con atención la información nutricional declarada en cada producto, así como el porcentaje que representa respecto a la dosis diaria recomendada.
Todo suplemento debe contar con la autorización del SEREMI de Salud correspondiente antes de ingresar al país, mecanismo que busca garantizar que solo se comercialicen productos seguros para el consumo humano, verificables a través del etiquetado, donde deben figurar todos los ingredientes y sus cantidades exactas.
Los riesgos de la falta de regulación
La falta de control adecuado puede tener consecuencias serias: un estudio de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos reveló que cerca de 800 suplementos dietéticos comercializados entre 2007 y 2016 contenían drogas no autorizadas, incluyendo antidepresivos y antihistamínicos capaces de generar interacciones peligrosas con otros medicamentos. Ese antecedente refuerza la recomendación de evitar la compra en canales no autorizados, como ferias libres o comercio ambulante, y de desconfiar de productos importados que no cuenten con registro sanitario vigente en el país.
Educación continua como respuesta al crecimiento del mercado
Para especialistas del sector, la clave de una decisión informada combina respaldo científico, asesoría profesional personalizada y actualización constante frente a la evidencia disponible, en un mercado que crece con rapidez y donde la diversidad de formulaciones dificulta cada vez más que el consumidor promedio pueda evaluar por sí solo la calidad real de lo que está incorporando a su organismo.



