Durante décadas, el agua ha sido considerada el estándar indiscutible de la hidratación. Sin embargo, evidencia científica reciente invita a matizar ese consenso y abre una conversación relevante para la industria de alimentos y bebidas.
Investigadores de la Universidad de St Andrews, en el Reino Unido, analizaron cómo distintas bebidas influyen en la capacidad del organismo para retener líquidos y llegaron a una conclusión que desafía un viejo mito: no siempre el agua es la opción más eficaz para una hidratación sostenida.
La hidratación es un proceso fisiológico complejo que va más allá del simple volumen de líquido ingerido. Factores como la velocidad de vaciado gástrico, la composición nutricional y la respuesta renal determinan cuánto tiempo permanece el líquido en el cuerpo. Bajo esta premisa, el estudio comparó agua, bebidas azucaradas, lácteos, jugos, café, té, alcohol y soluciones de rehidratación oral, evaluando su impacto neto en la retención hídrica.
El hallazgo central es claro: bebidas que contienen pequeñas cantidades de azúcar, proteínas o electrolitos pueden prolongar la hidratación más que el agua sola. Estos componentes ralentizan el vaciado gástrico y reducen la diuresis, lo que se traduce en una liberación más gradual de líquidos al torrente sanguíneo. Desde una perspectiva nutricional, la hidratación no depende únicamente de cuánto se bebe, sino de cuánto tiempo ese líquido permanece disponible para las funciones corporales.
La bebida más hidratante: una sorpresa láctea
En la parte superior del ranking aparece la leche desnatada. Su combinación de lactosa, proteínas y sodio actúa como una auténtica “esponja fisiológica”, favoreciendo la retención de líquidos y reduciendo la producción de orina. A ello se suma un aporte relevante de micronutrientes y aminoácidos que apoyan el metabolismo diario y la recuperación muscular tras el ejercicio. Para la industria, este resultado revaloriza a los lácteos como bebidas funcionales más allá de su rol tradicional.
En términos de eficacia hidratante en condiciones habituales, el estudio establece la siguiente jerarquía: leche desnatada; soluciones de rehidratación oral; jugo de naranja; agua natural; refrescos (con moderación); té negro frío; té negro caliente; bebidas deportivas; agua con gas; cerveza; y café negro caliente. La clasificación responde a una combinación de osmolaridad, contenido de electrolitos y perfil nutricional.
Implicaciones para consumidores y fabricantes
Las soluciones de rehidratación oral destacan por su balance preciso de glucosa y electrolitos, lo que las hace ideales en casos de deshidratación por enfermedad, calor extremo o esfuerzo intenso. No obstante, su uso cotidiano no es recomendable, ya que están diseñadas con un fin terapéutico específico. Los jugos de fruta pueden contribuir a la hidratación, pero su contenido de azúcares exige moderación. Las bebidas deportivas cumplen una función clara en entrenamientos prolongados o de alta intensidad, aunque resultan innecesarias para actividades ligeras.
Café y té, pese a su contenido de cafeína, siguen aportando líquidos, aunque en algunas personas pueden aumentar la diuresis. El alcohol, en cambio, debe descartarse como opción hidratante: su efecto diurético puede agravar la pérdida de líquidos.
Contexto, equilibrio y estrategia
Desde una óptica editorial y de mercado, el mensaje es de matiz, no de sustitución. El agua sigue siendo esencial y debe ocupar un lugar central en la dieta diaria. Sin embargo, alternarla con bebidas que prolonguen la hidratación —como la leche desnatada o versiones sin lactosa y bebidas fortificadas— puede ser una estrategia eficaz para ciertos grupos: deportistas, adultos mayores o personas expuestas a climas calurosos.
La ciencia redefine así el concepto de hidratación y abre oportunidades para la innovación responsable. En un entorno donde el consumidor exige funcionalidad respaldada por evidencia, comprender que hidratar no es solo beber, sino retener, marca la diferencia entre una recomendación genérica y una estrategia nutricional verdaderamente eficaz.



