Buenas noticias para algunos actores de la industria de bebidas: la reciente actualización de las Directrices Dietéticas para los Estadounidenses eliminó los límites cuantitativos explícitos al consumo moderado de alcohol, una referencia que durante más de tres décadas había definido el debate sanitario, regulatorio y comercial.
Durante 35 años, las autoridades federales recomendaron no más de una bebida diaria para mujeres y dos para hombres. Esa cifra desapareció del documento final, sustituida por un mensaje general: “consumir menos alcohol para una mejor salud”.
La administración defendió el cambio argumentando que la evidencia previa no era concluyente. Sin embargo, la comunidad científica internacional discrepa. En 2023, la Organización Mundial de la Salud reiteró que el alcohol es una sustancia tóxica, psicoactiva y adictiva, clasificada como carcinógeno del Grupo 1, la categoría de mayor riesgo, junto con el tabaco y el amianto. Según la OMS, el consumo está vinculado a al menos siete tipos de cáncer, incluidos colon y mama.
La propia investigación gubernamental estadounidense respalda esa cautela. Un borrador del Estudio sobre Consumo de Alcohol y Salud, difundido en enero de 2025, concluyó que los efectos negativos comienzan con niveles bajos y se intensifican rápidamente. Para un hombre con una bebida diaria, el riesgo de mortalidad atribuible al alcohol se estimó en uno por cada mil; con dos bebidas, el riesgo subía a uno en 25. La versión final del informe no fue publicada, pese a que funcionarios señalaron que sus hallazgos serían considerados.
Para la industria, el cambio regulatorio introduce ambigüedad. Estados Unidos es uno de los mayores mercados de bebidas alcohólicas del mundo, con ventas multimillonarias en cerveza, vino y destilados, cadenas de valor complejas y una creciente oferta de productos premium y sin alcohol. La ausencia de umbrales oficiales claros puede reducir riesgos legales a corto plazo, pero también eleva la responsabilidad reputacional de marcas, distribuidores y minoristas, cada vez más observados por inversionistas y reguladores en criterios ESG y salud pública.
Desde el punto de vista científico, no existe una cantidad “segura” universal. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo define una bebida estándar como aquella que contiene 14 gramos de alcohol puro: 12 onzas de cerveza al 5%, 5 onzas de vino al 12%, o 1,5 onzas de licor al 40%. Estas referencias técnicas siguen siendo clave para educación del consumidor, etiquetado responsable y estrategias de portafolio.
El consenso emergente entre epidemiólogos es claro: menos consumo implica menor riesgo. Para los profesionales del sector, el desafío será equilibrar crecimiento comercial con evidencia científica, innovación con transparencia, y rentabilidad con responsabilidad social. En un entorno donde las guías oficiales se simplifican, la ciencia y el mercado seguirán marcando los límites reales del negocio del alcohol, tanto para consumidores como para empresas que operan en un sector cada vez más escrutado.
La discusión está lejos de cerrarse, y sus implicaciones sanitarias, económicas y regulatorias continuarán definiendo estrategias corporativas en los próximos años, especialmente en mercados maduros y altamente competitivos como el estadounidense. En ese contexto, la prudencia basada en datos se perfila como el activo más valioso para sostener confianza, licencia social y crecimiento de largo plazo en toda la cadena de bebidas alcohólicas. Al final, la eliminación de cifras oficiales no elimina los riesgos biológicos, pero sí traslada el peso de la decisión al individuo y al mercado informado.



