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Alertan riesgos en controles europeos del aceite de oliva

Brasil Control Calidad

Las deficiencias en los sistemas de control del aceite de oliva de la Unión Europea podrían tener un impacto directo en América Latina y, especialmente, en Estados Unidos, el mayor consumidor de aceite de oliva fuera de Europa y el principal destino de las exportaciones comunitarias.

Así lo advierte un informe del Tribunal de Cuentas Europeo (TCE), basado en auditorías realizadas entre 2018 y 2023 en España, Italia, Grecia y Bélgica.

El documento concluye que las fallas detectadas en los controles de calidad, seguridad alimentaria y trazabilidad del aceite de oliva podrían poner en riesgo la confianza de los mercados internacionales. Para América Latina, donde el consumo crece de forma sostenida —impulsado por tendencias de alimentación saludable y dieta mediterránea—, la noticia resulta especialmente relevante, ya que gran parte del aceite que llega a la región proviene de la Unión Europea.

Desde el punto de vista científico, el informe señala inconsistencias en los controles de contaminantes como pesticidas, residuos industriales y otras sustancias potencialmente nocivas. Uno de los hallazgos más sensibles es que el aceite de oliva importado a la UE desde terceros países recibe menos controles que el producido dentro del bloque, lo que genera asimetrías en la vigilancia sanitaria y abre interrogantes sobre los estándares aplicados a lo largo de la cadena global.

En términos comerciales, el contexto es clave. La Unión Europea concentra cerca del 70 % de la producción mundial de aceite de oliva y domina el comercio internacional. Estados Unidos es el principal comprador global, con importaciones anuales que superan las 400.000 toneladas, mientras que Brasil se consolida como el mayor mercado de América Latina, seguido por México, Colombia y Chile. Cualquier duda sobre la calidad o la trazabilidad del producto europeo puede traducirse en mayor presión regulatoria, cambios en las preferencias de compra o una aceleración del desarrollo de proveedores alternativos en el continente americano.

El TCE también identificó grandes diferencias entre los países europeos en materia de trazabilidad. España e Italia, principales productores, cuentan con registros electrónicos que permiten rastrear el origen de las aceitunas y del aceite en todas las etapas de la cadena de suministro, una práctica alineada con las exigencias de mercados como el estadounidense, donde la trazabilidad y el cumplimiento normativo son cada vez más valorados por importadores, retailers y consumidores. Otros Estados miembros, en cambio, presentan sistemas menos robustos o poco compatibles entre sí.

Para los mercados latinoamericanos, donde los sistemas de control y fiscalización suelen apoyarse en certificaciones de origen y análisis documentales, la falta de armonización en Europa puede generar riesgos adicionales. En particular, en lo que respecta a la verificación de parámetros fisicoquímicos —como acidez, índice de peróxidos o perfil de ácidos grasos— y atributos sensoriales que determinan si un aceite puede comercializarse como virgen extra, una categoría de alto valor en la región.

Ante este escenario, los auditores europeos recomendaron a la Comisión Europea reforzar la supervisión de los controles nacionales, exigir mayor transparencia sobre análisis de riesgo, inspecciones y sanciones, y mejorar de forma específica los controles de contaminantes, incluyendo explícitamente al aceite de oliva importado. “El aceite importado debería controlarse de la misma manera que la producción de la UE”, subraya el informe.

La Comisión Europea aceptó estas recomendaciones y se comprometió a evaluar los sistemas de control de los Estados miembros, clarificar las normas sobre la mezcla de aceites de distintas cosechas o categorías y mejorar las directrices sobre contaminantes. También anunció que impulsará registros digitales más compatibles para el seguimiento de aceitunas y aceite.

Para América Latina y Estados Unidos, estos cambios podrían traducirse en mayor confianza y estabilidad en el suministro, pero también en eventuales ajustes de precios y requisitos más estrictos para los exportadores. En un mercado donde la calidad, la transparencia y la seguridad alimentaria pesan cada vez más en las decisiones de compra, el informe del TCE funciona como una señal de alerta para toda la cadena global del aceite de oliva.

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