Argentina dio un paso estratégico en la valorización de sus economías regionales al reconocer oficialmente al Queso de Tafí del Valle como Indicación Geográfica (IG), convirtiéndose en el primer producto lácteo del país en obtener este sello.
La medida, formalizada en 2026 por la autoridad agropecuaria nacional, incorpora a este queso tucumano al sistema que protege alimentos con identidad territorial, alineando al país con estándares internacionales de diferenciación y calidad.
El reconocimiento abarca la producción en Tafí del Valle y El Mollar, en la provincia de Tucumán, una región de altura con condiciones agroecológicas particulares. La combinación de clima templado, pasturas naturales y sistemas productivos tradicionales influye directamente en las características del queso, generando un perfil distintivo que ahora queda protegido bajo normativa oficial.
Este avance posiciona al sector lácteo argentino en una nueva etapa, en la que la diferenciación por origen cobra protagonismo frente a mercados cada vez más exigentes. En términos operativos, el sello de Indicación Geográfica protege el nombre del producto, certifica su vínculo con el territorio, establece protocolos de producción y asegura parámetros de calidad homogéneos. Además, permite a los productores capturar mayor valor en origen y acceder a segmentos premium en mercados internacionales.
Las indicaciones geográficas representan hoy un activo clave en el comercio global de alimentos. En regiones como la Unión Europea, estos sistemas concentran miles de productos protegidos y generan miles de millones de euros anuales, con primas de precio que pueden superar el 20% frente a productos genéricos. América Latina avanza en la misma dirección, y Argentina busca consolidar su portafolio con alimentos de identidad diferenciada.
Hasta ahora, el país había desarrollado IG y denominaciones para productos como la yerba mate, el cordero patagónico, el salame de Tandil, el aceite de oliva de Cuyo y el té argentino. La incorporación del Queso de Tafí del Valle amplía esta estrategia hacia la cadena láctea, un sector con fuerte potencial exportador pero históricamente concentrado en commodities.
Desde el punto de vista productivo, este queso se elabora a partir de leche bovina en sistemas mayormente pastoriles, con baja intensidad industrial y fuerte impronta artesanal. Estudios técnicos destacan que la microbiota autóctona de la leche cruda y del entorno contribuye al desarrollo de compuestos aromáticos específicos durante la maduración. Estos incluyen ácidos grasos libres, péptidos y compuestos volátiles que determinan su perfil sensorial.
El producto presenta una textura firme y una masa compacta, con una maduración mínima de 30 días que permite la estabilización de su estructura proteica y el desarrollo de sabores complejos. En nariz y boca se perciben notas lácticas con matices de manteca y ligeros toques herbáceos, asociados a la alimentación del ganado. Se comercializa en hormas cilíndricas de entre 0,5 y 3 kilogramos, con corteza natural, lo que facilita su conservación y transporte.
En términos de mercado, el reconocimiento abre oportunidades concretas para posicionar el producto en nichos gourmet, tiendas especializadas y canales de exportación de alto valor. También fortalece el turismo gastronómico en la región, integrando al queso como parte de la identidad cultural del noroeste argentino.
La obtención de esta Indicación Geográfica no solo protege un producto, sino que establece un modelo replicable para otras economías regionales. En un escenario donde la trazabilidad, la sostenibilidad y la autenticidad ganan relevancia, Argentina comienza a construir una narrativa exportadora basada en calidad diferenciada y origen certificado.



