Lo que durante años fue un producto de nicho reservado a gimnasios se instaló también en las neveras de las tiendas de barrio y los supermercados colombianos. Los batidos y bebidas listas para consumir con alto contenido proteico dejaron de ser exclusivos de deportistas de alto rendimiento y hoy responden a una demanda mucho más amplia: consumidores que asocian la proteína con energía, recuperación física y bienestar general, sin necesidad de entrenar de forma profesional.
El tamaño del negocio global respalda esa transformación. El mercado de bebidas proteicas listas para beber alcanzó los 1,960 millones de dólares en 2025 y se proyecta que llegue a 3,060 millones de dólares en 2031, con una tasa de crecimiento anual compuesta de 7.7%, según firmas especializadas en inteligencia de mercado. En Colombia, ese apetito por la proteína ya tiene evidencia concreta: un estudio gremial del sector farmacéutico encontró que el 66% de los colombianos consumió algún tipo de suplemento en los últimos seis meses de 2023, una cifra que anticipa el terreno fértil que existe para bebidas funcionales de fabricación local.
El respaldo institucional a esta tendencia también se hizo visible en 2026. Cargill presentó en el país los resultados de su plataforma TrendTracker, que identificó el bienestar integral y una relación más consciente con la alimentación como ejes que definirán las decisiones de compra de los colombianos este año, en un momento en que la compañía además fortalece su operación productiva en Santander y logró la primera exportación de pollo colombiano hacia Japón, uno de los mercados más exigentes del mundo en materia sanitaria. Esa combinación de innovación en producto y solidez exportadora ilustra el momento que atraviesa la industria nacional de alimentos y bebidas, que aporta cerca del 3% del PIB del país y que tradicionalmente ha basado su comercio exterior en café, flores, banano y azúcar, categorías que ahora empiezan a compartir protagonismo con productos de mayor valor agregado como las bebidas funcionales.
La feria Alimentec | Anuga Select Colombia, realizada en Corferias bajo el concepto Origin Matters, confirmó ese giro: trazabilidad, autenticidad del ingrediente e innovación aplicada se consolidaron como los criterios que hoy definen la conversación empresarial del sector en el país, en momentos en que la inteligencia artificial empieza a usarse para analizar demanda, optimizar inventarios y reducir desperdicio a lo largo de la cadena productiva.
El panorama, sin embargo, no está exento de tensiones. La consultora Mintel advirtió en su reporte de predicciones para 2026 que la obsesión regional por la proteína empieza a dar paso a una diversificación nutricional más amplia, con mayor protagonismo de la fibra y los ingredientes de origen vegetal —tendencia que ya se refleja en Colombia con el crecimiento de proteínas de guisante, soya y girasol frente al tradicional suero de leche—. A la vez, la industria colombiana de alimentos y bebidas enfrenta en 2026 mayores costos operativos y restricciones crecientes en el uso del agua, lo que ha llevado a compañías como Ecolab a anunciar inversiones cercanas a 6 millones de dólares en el país durante los próximos tres años, enfocadas en eficiencia hídrica y soluciones de higiene industrial.
Para los fabricantes colombianos de bebidas, el reto de los próximos años combina dos frentes: capturar la demanda creciente de proteína y conveniencia sin descuidar la sostenibilidad del empaque ni la eficiencia operativa, en un mercado donde el consumidor es cada vez más sensible al precio y exige, al mismo tiempo, transparencia sobre el origen y la calidad de lo que bebe.



