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Una pyme cordobesa exporta quesos sin lactosa a Dubái

Argentina Lácteos

Lácteos Capilla del Señor, empresa familiar de Villa María, en la provincia de Córdoba, despachó desde Ezeiza su primer cargamento de quesos hacia Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos.

El envío, por vía aérea, consistió en un pallet completo con 1.000 kilos de mozzarella y provolone hilado, la clásica provoleta, ambos sin lactosa y comercializados bajo la marca Lombarde. El destino es el segmento premium y la alta cocina, uno de los nichos más exigentes del mercado lácteo mundial.

La operación funciona como prueba comercial. su director, Álvaro Ugartemendía, explicó que este primer lote servirá para comprobar cómo llega el producto, cómo ingresa y cómo lo reciben los clientes. Si los resultados acompañan, la empresa planea escalar y pasar de los envíos aéreos a contenedores.

El acceso se concretó gracias a un importador interesado en apostar por productos argentinos, tras un proceso que llevó tiempo. La empresa exporta desde 2007 y, entre 2025 y 2026, superó las 600 toneladas de productos sin lactosa vendidas al exterior, sobre todo a Perú, Brasil y Paraguay, con presencia también en otros destinos de Asia.

Dubái se suma como primer mercado de Medio Oriente para sus productos de valor agregado, y Vietnam figura entre los objetivos futuros, un proyecto en el que trabaja desde 2019 junto con el INTA.

La estrategia evita deliberadamente los commodities, Ugartemendía sostiene que un destino lejano solo se justifica con productos capaces de absorber mayores costos logísticos, y que un queso diferenciado, con más valor por kilo exportado, permite competir sin depender del volumen.

La diferenciación nació de un proyecto de investigación y desarrollo realizado con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial y financiado mediante una convocatoria nacional de ciencia y tecnología, el objetivo era obtener quesos sin lactosa que conservaran las características de los tradicionales y cumplieran con el Código Alimentario Argentino.

La tecnología detrás de esa categoría tiene una base bioquímica precisa, la lactosa, el azúcar de la leche, se descompone en glucosa y galactosa mediante la enzima lactasa, un proceso que permite elaborar lácteos aptos para personas con mala absorción de lactosa sin alterar de forma sustancial su sabor ni su textura.

El desafío técnico consiste en lograrlo en quesos de pasta hilada, donde el comportamiento de la masa al calentarse y estirarse define el resultado, algo decisivo en productos como la mozzarella y la provoleta, que se valoran por su fundido.

El mercado objetivo ofrece argumentos, cerca de dos tercios de la población adulta mundial presenta algún grado de mala absorción de lactosa, y los Emiratos dependen en gran medida de alimentos importados, con una demanda sofisticada alimentada por la hotelería, la gastronomía y una población de ingresos altos.

Esa combinación favorece a los productos funcionales de nicho que justifican un precio superior, el mayor obstáculo es cultural. Los consumidores de ese segmento asocian ciertos quesos con su origen, como la mozzarella italiana o el camembert y el roquefort franceses, y Argentina todavía no tiene el mismo reconocimiento como país quesero.

Por eso la empresa debe demostrar una calidad equiparable a la de los productos europeos, algo que, según su director, ya tiene un valor demostrable para una pyme.

La historia de la compañía añade un componente singular: desde 2018 funciona sin gerentes, jefes ni supervisores, un modelo de gestión que sostiene su cultura de innovación.

Para la industria láctea del interior argentino, el caso muestra que una pyme puede llegar a mercados lejanos si combina cooperación con instituciones tecnológicas, productos diferenciados y una estrategia exportadora paciente.

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