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Brasil impulsa papas fritas con menor huella climática

Brasil Agricultura

La cadena global de snacks da un paso relevante hacia la descarbonización con la primera cosecha de papa de muy bajas emisiones en Brasil, resultado de la alianza entre Yara y PepsiCo. El proyecto, que ya muestra resultados comerciales concretos, introduce al mercado papas destinadas a marcas como Lay's y Ruffles con una reducción significativa en su huella de carbono desde el origen agrícola.

La iniciativa se basa en el uso de fertilizantes de ultrabajo carbono, capaces de disminuir entre 60% y 90% las emisiones de gases de efecto invernadero durante su fabricación frente a insumos tradicionales producidos con gas natural. En campo, esta innovación permite recortar hasta un 40% la huella de carbono del cultivo de papa, una materia prima estratégica para la industria global de snacks, que moviliza miles de millones de dólares anuales y mantiene una demanda sostenida en América Latina.

El piloto se desarrolló en el estado de Paraná, con la participación de seis productores y cerca de 130 hectáreas cultivadas. Más allá del volumen inicial, el programa establece un modelo replicable que integra asistencia técnica, incentivos económicos y acompañamiento en prácticas agrícolas regenerativas. Este enfoque incluye optimización del uso de nutrientes, mejora en la eficiencia hídrica y reducción de pérdidas en campo, factores clave para elevar la productividad sin aumentar la presión ambiental.

La apuesta se alinea con metas corporativas más amplias. PepsiCo proyecta implementar agricultura regenerativa en aproximadamente cuatro millones de hectáreas hacia 2030, dentro de su estrategia global de sostenibilidad. Este enfoque busca no solo reducir emisiones, sino también mejorar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y fortalecer la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a eventos climáticos extremos.

En paralelo, Yara avanza en el desarrollo de soluciones que combinan eficiencia agronómica con menor impacto ambiental. Sus fertilizantes de nueva generación están diseñados para maximizar la absorción de nutrientes por parte de las plantas, reduciendo pérdidas por volatilización o lixiviación, fenómenos asociados a emisiones de óxido nitroso, uno de los gases con mayor potencial de calentamiento global según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.

La medición de resultados se apoya en herramientas digitales estandarizadas como Cool Farm Tool, que permiten cuantificar emisiones, uso de agua y otros indicadores ambientales bajo metodologías científicas reconocidas. Este tipo de monitoreo es cada vez más relevante en una industria donde la trazabilidad y la verificación de impacto se convierten en atributos diferenciadores frente a consumidores y reguladores.

El avance también refleja una tendencia más amplia en el sector agroalimentario. Estudios recientes indican que la agricultura representa cerca del 20% al 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, lo que ha acelerado la adopción de tecnologías de bajo carbono, agricultura de precisión y prácticas regenerativas en distintos cultivos. En este contexto, la papa —por su volumen de producción y uso industrial— se posiciona como un cultivo clave para implementar mejoras de escala.

La expansión del programa en Brasil y otros países latinoamericanos podría generar efectos multiplicadores en la cadena de suministro, desde productores hasta fabricantes de alimentos. A medida que estas prácticas se consoliden, se espera una mayor integración entre sostenibilidad, eficiencia productiva y valor de marca.

Así, la llegada de papas fritas con menor huella climática no solo representa un hito tecnológico, sino también un indicio de hacia dónde se dirige la industria: sistemas alimentarios más eficientes, medibles y alineados con las exigencias ambientales del mercado global.

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