FoodNewsLatam - Dieta de calidad y MASLD: lo que la ciencia confirma para el hígado

Dieta de calidad y MASLD: lo que la ciencia confirma para el hígado

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El hígado es uno de los órganos más sobreexigidos de la era moderna. Responsable de más de 500 funciones fisiológicas —desde la desintoxicación del organismo y la producción de colesterol hasta la metabolización de grasas y la síntesis hormonal— enfrenta hoy una carga sin precedentes.

La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD por sus siglas en inglés, afecta a alrededor del 30% de los adultos a nivel mundial y se proyecta como una de las principales crisis sanitarias de las próximas décadas. Para 2050, se estima que en Estados Unidos provocará más de 22.000 nuevos casos anuales de cáncer hepático, casi el doble de los registrados entre 2020 y 2025.

Ante ese panorama, una nueva revisión científica que analizó 50 investigaciones previas con más de 624.000 pacientes ofrece evidencia sólida sobre una herramienta al alcance de todos: la calidad de la dieta. El estudio evaluó dos patrones de alimentación saludable ampliamente reconocidos —el Índice Alternativo de Alimentación Saludable (AHEI) de Harvard y el Índice de Alimentación Saludable (HEI) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos— y confirmó que ambos tienen efectos protectores significativos sobre la salud hepática. La clave no está en dietas restrictivas ni en intervenciones farmacológicas costosas, sino en la densidad nutricional de lo que se consume cada día y en la reducción drástica de carbohidratos refinados y grasas procesadas.

Los datos respaldan la urgencia del mensaje. Quienes adhieren al cuartil superior del AHEI presentan un 76% menos de riesgo de desarrollar MASLD frente a quienes se ubican en el cuartil inferior. Ambos índices muestran beneficios especialmente notorios en poblaciones de Asia y América del Norte, regiones donde la prevalencia de la enfermedad crece en paralelo con la adopción de patrones alimentarios ultraprocesados.

¿En qué se diferencian los dos enfoques? El AHEI prioriza frutas, verduras, granos enteros, frutos secos, legumbres y proteínas magras, y penaliza el consumo de bebidas azucaradas, carnes rojas y grasas saturadas. El HEI opera sobre 13 componentes evaluados por densidad calórica —incluyendo lácteos, sodio y azúcares añadidos— y ha mostrado efectos especialmente notables en la reducción del riesgo hepático en América del Norte. Pese a sus diferencias metodológicas, ambos convergen en el mismo principio: más nutrientes reales, menos productos industriales.

El cambio de denominación de la enfermedad —de hígado graso no alcohólico a MASLD— no es semántico. Refleja un consenso científico adoptado desde 2023 por las principales asociaciones hepatológicas del mundo: lo determinante no es la ausencia de alcohol, sino la presencia de alteraciones metabólicas como resistencia a la insulina, obesidad, dislipidemia o hipertensión. Esa precisión diagnóstica abre la puerta a terapias personalizadas y a una recopilación de datos con implicaciones de salud pública considerables.

Los investigadores también advierten que, pese a los avances en el consumo de proteínas y mariscos, persisten déficits graves en la ingesta de frutas y granos enteros, mientras el consumo excesivo de sodio sigue siendo un factor de riesgo subestimado. El mercado global de tratamientos para hígado graso se proyecta en 35.760 millones de dólares para 2033, lo que evidencia el peso económico de una enfermedad que, en gran medida, es prevenible con decisiones cotidianas en la cocina.

La actividad física constante —no necesariamente intensa— y la reducción del consumo de alcohol completan el cuadro de hábitos que la evidencia respalda para proteger la salud hepática a largo plazo.

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