Durante más de tres décadas, la señal de alarma estuvo sobre la mesa. En 1990, la FDA estadounidense ya había retirado el Rojo Número 3 de cosméticos y medicamentos tópicos tras estudios que lo vinculaban con tumores en animales de laboratorio.
Sin embargo, su uso en alimentos y bebidas continuó sin restricciones durante 35 años más, en Estados Unidos y en prácticamente todo el mundo. Lo que cambió en 2025 fue la velocidad y el alcance de la respuesta regulatoria, y México está en el centro de esa transformación en América Latina.
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) impulsa la prohibición definitiva de la eritrosina (SIN 127) en todos los alimentos, bebidas y suplementos alimenticios que circulan en el país. El proceso técnico arrancó en enero de 2025 y se consolidó en julio, cuando el Consejo Científico del organismo acordó el veto total del aditivo y sus lacas. La conclusión fue contundente: la exposición actual de la población mexicana a este colorante supera los límites de ingesta diaria admisible, representando un riesgo no aceptable para la salud pública, con especial énfasis en niños y adolescentes.
El detonante directo fue la decisión de la FDA de prohibir el colorante en enero de 2025, impulsada por una petición formal presentada en 2022 por organizaciones de seguridad alimentaria. La agencia actuó bajo la Cláusula Delaney de la ley federal, que prohíbe todo aditivo que haya demostrado potencial cancerígeno en animales. Esa resolución desató una reacción en cadena sin precedentes en la región: Ecuador estableció en enero de 2025 que los fabricantes deberán reformular sus productos con eritrosina antes de enero de 2027. Perú, en el mismo mes, emitió un comunicado formal solicitando a la industria la sustitución paulatina del colorante con el mismo plazo límite. México siguió el camino con su propio proceso regulatorio, convirtiéndose en el caso más articulado de la región.
El colorante está presente en una amplia franja de productos orientados al consumo infantil: polvos para gelatinas y flanes, gomitas, caramelos, preparaciones para decoración de pasteles y frutas en almíbar. En menores, su consumo sostenido está vinculado a trastornos de hiperactividad, deterioro de funciones cognitivas, alteraciones neuroconductuales y desbalances bioquímicos. Marcas emblemáticas como el pastelito Gansito, el cereal Froot Loops y las galletas Arcoiris fueron señaladas en su momento por contener el aditivo, aunque recorridos recientes por supermercados confirman que gran parte de la industria ya se anticipó a la norma, sustituyendo la eritrosina por el Rojo Número 40.
Esa reformulación masiva tiene implicaciones de mercado considerables. El mercado global de colorantes alimentarios fue valorado en 4.060 millones de dólares en 2025 y se proyecta que alcanzará los 6.850 millones para 2033, con una tasa de crecimiento anual del 6,75%. La presión regulatoria sobre los sintéticos es uno de los motores de ese crecimiento: Europa, que domina el segmento con el 32,5% de participación, impulsa esa expansión precisamente por la migración hacia colorantes naturales ante el endurecimiento normativo.
Para ordenar la transición, el Gobierno Federal otorga 24 meses a partir de la publicación del decreto en el Diario Oficial de la Federación. Las empresas podrán agotar existencias, ajustar fórmulas y completar estudios de vida de anaquel para productos reformulados, sin cambios en infraestructura productiva ni trámites aduanales adicionales.
Lo que durante décadas fue una advertencia científica ignorada se convierte hoy en política pública. México no actúa solo, pero sí marca el ritmo regulatorio más claro de América Latina ante un ingrediente cuyo expediente de riesgo lleva más de treinta años abierto.



