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América Latina impulsa nueva era productiva de la almendra

Latinoamérica Agricultura

El mercado de la almendra atraviesa una fase de transformación en América Latina, impulsada por la expansión de la demanda global, la búsqueda de nuevos orígenes productivos y la necesidad de diversificar riesgos frente a la volatilidad climática de los grandes proveedores tradicionales.

Chile y Argentina emergen como polos estratégicos en este escenario, atrayendo inversiones agrícolas, capital institucional y transferencia genética.

En Chile, la superficie plantada ha crecido de manera sostenida durante la última década, especialmente en las regiones de O’Higgins, Maule y Metropolitana. La adopción de sistemas de plantación intensiva, riego tecnificado por goteo y mecanización de cosecha ha permitido mejorar rendimientos y eficiencia operativa. El país combina condiciones mediterráneas favorables con una infraestructura exportadora consolidada, lo que facilita el acceso a mercados de alto valor en Europa, Asia y Norteamérica.

Argentina, por su parte, concentra su desarrollo en Mendoza y San Juan, donde el almendro se integra a esquemas productivos mixtos junto con vid y olivo. Si bien la escala aún es menor frente a Chile, existen proyectos de reconversión agrícola orientados a frutos secos con genética moderna y modelos de alta densidad. Fondos de inversión agroindustrial evalúan estos territorios como alternativas competitivas para abastecer la creciente demanda asiática.

El desafío regional está marcado por la variabilidad climática. Olas de calor, lluvias fuera de calendario y eventos extremos alteran la fenología del cultivo, modificando fechas de floración, cuaja y cosecha. Este comportamiento obliga a los productores a monitorear con mayor precisión cada valle y cada predio, ajustando calendarios de riego, nutrición y control sanitario.

Las plagas y enfermedades también muestran cambios en su dinámica. La roya puede convertirse en un problema relevante si no se controla de manera preventiva tras la cosecha, especialmente luego de episodios de lluvias estivales. La presencia creciente de hormigas en distintos valles genera daños directos en la pepa, mientras que el ataque de burrito en el follaje suele anticipar afectaciones más severas en el sistema radicular. A esto se suma el impacto económico de roedores, con costos estimados que en algunos casos superan los 500 dólares por hectárea en manejo y pérdidas.

Un punto crítico para la campaña 2026 es el resecado prematuro de la fruta. Las altas temperaturas reducen drásticamente los tiempos de exposición tras el remecido, provocando ingresos a planta con niveles de humedad cercanos al 2%. Esta condición afecta rendimiento industrial, calibrado y calidad comercial. Ajustar la logística de levantamiento y disponer de centros de acopio techados se vuelve estratégico para proteger el valor del producto.

En paralelo, la diversificación hacia otros frutos secos como la avellana confirma una tendencia estructural. La demanda internacional por producción sudamericana se mantiene firme, incentivando inversiones en maquinaria de proceso, tecnología de secado y clasificación óptica. En algunos valles ya se observa adelanto en la caída de fruta y cosechas anticipadas hasta 15 días respecto de lo habitual.

En el ámbito de innovación, la reducción de poblaciones de la abeja europea ha abierto espacio para investigar polinizadores alternativos. Estudios en curso evalúan el uso de sírfidos como complemento en huertos intensivos, buscando asegurar eficiencia de cuaja en escenarios de menor disponibilidad de colmenas.

América Latina no solo amplía su superficie, sino que redefine su rol en la cadena global de la almendra. Con genética moderna, integración industrial y mayor sofisticación comercial, la región se posiciona como proveedor confiable en un mercado que exige trazabilidad, calidad y resiliencia climática.

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