Tastepoint by IFF (NYSE: IFF), unidad especializada en inteligencia sensorial y desarrollo de sabores de International Flavors & Fragrances, dio a conocer su proyección anual de tendencias que definirán el mercado de alimentos y bebidas en Norteamérica durante 2026.
El informe identifica diez perfiles de sabor con alto potencial de crecimiento en retail, food service y aplicaciones industriales, en un contexto donde los consumidores demandan experiencias más emocionales, auténticas y multisensoriales.
La selección surge de un análisis integral que combina monitoreo de menús, desempeño de lanzamientos comerciales, escucha social, estudios de comportamiento del consumidor y avances en ciencia del sabor. El resultado es un mapa estratégico útil para fabricantes, desarrolladores de producto y marcas que buscan anticiparse a los cambios en un mercado cada vez más competitivo y fragmentado.
Entre los ejes que atraviesan la lista destacan la nostalgia reinterpretada, la influencia de cocinas globales, la búsqueda de indulgencia sofisticada y la expansión de sabores tradicionales hacia categorías inesperadas, impulsada por nuevas tecnologías de formulación, encapsulación y estabilidad aromática.
El mandarín encabeza la lista como uno de los cítricos con mayor versatilidad. Su perfil brillante y dulce, ya consolidado en jugos y bebidas gasificadas, muestra una expansión acelerada hacia coctelería, cafés saborizados, postres congelados, aderezos y salsas, alineado con la preferencia por sabores frescos y reconocibles.
La cereza refuerza su posición como sabor emocionalmente potente. Su equilibrio entre dulzor y acidez conecta con recuerdos clásicos, pero hoy se actualiza en bebidas funcionales, barras de snack, mezclas energéticas, confitería y productos lácteos, beneficiándose de su asociación con antioxidantes naturales y coloraciones intensas.
El maíz dulce reaparece con fuerza, impulsado por la popularidad del elote mexicano y otras preparaciones internacionales. Su perfil cremoso y ligeramente azucarado se adapta tanto a snacks salados como a aplicaciones culinarias y productos plant-based, donde aporta textura y familiaridad.
La sopa de cebolla francesa trasciende el plato tradicional para inspirar sabores umami profundos en caldos concentrados, productos listos para comer y propuestas gourmet en food service, reflejando la demanda por comfort food con mayor complejidad.
La cola vive un renacimiento. Más allá de las bebidas, su perfil especiado y caramelizado se abre paso en helados, rellenos de panadería y postres, capitalizando la nostalgia y el reconocimiento inmediato del sabor.
El limoncello, asociado a indulgencia premium y herencia italiana, gana espacio en productos horneados, bebidas listas para tomar, tés fríos y cafés, en sintonía con la búsqueda de experiencias auténticas y sofisticadas.
El “sweet heat” o swicy consolida su expansión. La combinación de dulce y picante ya no se limita a snacks y salsas, sino que llega a helados, cócteles y bebidas innovadoras, apoyada en la creciente tolerancia al picante y la curiosidad sensorial.
El sabor pancake rompe la barrera del desayuno y se posiciona en postres, heladerías y snacks nocturnos, evocando calidez y indulgencia.
El tiramisú, con su perfil multicapa de café, cacao y cremosidad, se proyecta más allá de la panadería hacia lácteos y bebidas.
Finalmente, el chai spice consolida su ascenso global, ofreciendo una alternativa aromática, especiada y reconfortante frente a sabores tradicionales, con amplio potencial en alimentos y bebidas.



