La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) volvió a poner bajo la lupa a la industria láctea mexicana tras la publicación de su más reciente estudio de Calidad, en el que analizó 18 yogures sólidos y batidos disponibles en el mercado nacional.
El objetivo del ejercicio fue evaluar el cumplimiento normativo, la información comercial, el contenido nutrimental y la presencia de microorganismos característicos del yogur, con el fin de ofrecer datos verificables a los consumidores y a los actores de la industria.
El análisis se realizó conforme a diversas normas oficiales mexicanas vigentes, entre ellas la NOM-002-SCFI-2011 sobre contenido neto; la NOM-051-SCFI/SSA1-2010 relativa al etiquetado comercial y sanitario; la NOM-181-SCFI/SAGARPA-2018, que regula la denominación, especificaciones fisicoquímicas y microbiológicas del yogur; y la NOM-086-SSA1-1994, enfocada en alimentos con modificaciones en su composición nutrimental.
Dentro de los resultados, destacó el caso del Yogurt con fruta sabor fresa de la marca Vaca Blanca, comercializada por Tiendas 3B. De los 18 productos evaluados, fue el único que presentó grasa de origen vegetal en su formulación, en lugar de grasa butírica, lo que representa un incumplimiento directo de la NOM-181-SCFI/SAGARPA-2018.
Esta norma establece de manera clara que, para que un producto pueda denominarse “yogur”, debe elaborarse a partir de leche y contener grasa butírica, es decir, la grasa natural de la leche. Desde el punto de vista científico, la grasa butírica se distingue por su contenido de ácidos grasos de cadena corta y una proporción relevante de ácidos grasos de cadena media, características que influyen tanto en el perfil nutrimental como en las propiedades sensoriales del producto.
Cuando la grasa láctea es sustituida por grasa vegetal, el alimento deja de cumplir con la definición legal de yogur. En esos casos, la normativa exige que se comercialice bajo otra denominación, como “producto lácteo fermentado con grasa vegetal” u otra similar que evite inducir a error al consumidor. Sin embargo, el producto de Vaca Blanca se presenta en el envase y en su información comercial como “yogurt”, lo que constituye una falta en materia de etiquetado y denominación.
Más allá del incumplimiento normativo, el estudio de Profeco también reveló aspectos relevantes del perfil nutrimental de este producto. En términos de azúcares, se ubica entre los más altos de la muestra analizada, con 13.3 gramos por cada 100 gramos. Asimismo, aporta 12.3 gramos de grasa por cada 100 gramos, una cifra considerable dentro de su categoría. En contraste, su contenido de calcio es de 89 miligramos por cada 100 gramos, un nivel moderado si se compara con otros yogures del mercado.
En el rubro positivo, Profeco señaló que el producto cumple con el resto de la información comercial obligatoria, el contenido neto declarado y la presencia de microorganismos característicos del yogur, medidos en unidades formadoras de colonias (UFC) por gramo. Además, por cada 100 gramos, aporta 2.4 gramos de proteína, 16 gramos de carbohidratos y un contenido energético de 102 kilocalorías.
Este caso refuerza la importancia de la vigilancia regulatoria en un mercado altamente competitivo, donde las formulaciones alternativas y la presión por reducir costos pueden derivar en prácticas que comprometen la transparencia y la correcta información al consumidor. Para la industria, el mensaje es claro: la innovación debe ir acompañada de un estricto apego a la normatividad vigente y a la comunicación honesta de lo que realmente contiene cada producto.



