Brasil atraviesa una etapa de alta fragilidad en su sector de fertilizantes, derivada de décadas de desindustrialización y de la dependencia casi total de importaciones. Según un informe reciente de la Confederación Nacional de la Industria, el país importa más del 80% de los fertilizantes que utiliza, cifra que se eleva a 97,8% en potasio y 89% en nitrógeno, dejando al sector agrícola y agroindustrial expuesto a tensiones geopolíticas y variaciones en los precios internacionales.
Los recientes episodios de conflicto en Oriente Medio y los bloqueos en el estrecho de Ormuz evidencian esta vulnerabilidad. La urea, uno de los fertilizantes clave para el maíz, ha registrado incrementos de más del 50% en lo que va del año, reflejando cómo la oferta limitada se traduce en mayores costos de producción y, eventualmente, en precios más altos para el consumidor. Según Fabrício Silveira, superintendente de Política Industrial de la CNI, esta situación compromete la competitividad de las exportaciones brasileñas y plantea riesgos directos para la seguridad alimentaria.
El deterioro de la producción nacional es notable. Entre 2002 y 2024, la producción de fertilizantes nitrogenados cayó un 30%, mientras que la fabricación de productos químicos intermedios, esenciales para la industria, descendió 48% entre 2012 y 2024. La dependencia de un número reducido de proveedores incrementa el riesgo: fertilizantes nitrogenados provienen principalmente de China, Rusia y Omán; los fosfatados, de Egipto, Israel y Marruecos; y el potasio, de Rusia, Canadá y Uzbekistán. Esta concentración limita la resiliencia frente a interrupciones globales.
Uno de los principales factores que obstaculiza la recuperación industrial es el costo del gas natural, insumo crítico en la producción de nitrogenados. En junio de 2025, el precio promedio del gas industrial en Brasil fue de US$18,64 por MMBtu, casi cinco veces superior al promedio estadounidense de US$3,67. Esta brecha hace que la producción local sea menos competitiva y desincentiva la inversión en nuevas plantas.
Ante este panorama, la CNI propone acelerar la implementación de políticas públicas que reindustrialicen la cadena de fertilizantes. El Plan Nacional de Fertilizantes busca reducir la dependencia externa al 45% para 2050, mientras que la estrategia Nueva Industria Brasil apunta a aumentar la densidad productiva del país. Además, el informe enfatiza la necesidad de inversión en investigación e innovación para el desarrollo de agrominerales, explorando nuevos yacimientos de potasio y fósforo y adaptando tecnologías a las condiciones tropicales brasileñas.
Brasil representa cerca del 8% del consumo mundial de fertilizantes, por lo que cualquier interrupción en la cadena de suministro tiene repercusiones inmediatas en la producción agrícola, el comercio exterior y la inflación de alimentos. La combinación de alta dependencia externa, concentración de proveedores y tensiones geopolíticas crea un escenario de riesgo que afecta desde la producción hasta el consumidor final.
La CNI alerta que, sin una estrategia clara de reindustrialización, Brasil seguirá expuesto a shocks externos en uno de los sectores más estratégicos de su economía. La consolidación de la producción nacional, la diversificación de proveedores y el impulso a la innovación tecnológica son pasos críticos para asegurar la competitividad del país y proteger la estabilidad del mercado de alimentos en los próximos años.
Este diagnóstico subraya que la seguridad alimentaria y la sostenibilidad económica están estrechamente ligadas a la capacidad de Brasil de fortalecer su industria de fertilizantes y reducir la exposición a factores externos, un desafío que requiere acción coordinada entre gobierno, industria y ciencia.



