FoodNewsLatam - La leche en polvo importada alcanza niveles récord en Colombia

La leche en polvo importada alcanza niveles récord en Colombia

Colombia Lácteos

Colombia vive un cambio estructural en el abastecimiento de su industria láctea. Entre enero y julio de 2026, las importaciones de leche en polvo entera y descremada sumaron 49.572 toneladas, 76,7% más que en el mismo período de 2025, mientras el acopio formal de leche nacional se mantuvo prácticamente estancado, con 2.019 millones de litros frente a 2.025 millones, una caída de 0,3%. La combinación de más producto externo y oferta local sin crecimiento redefine la competencia en toda la cadena.

El detonante es regulatorio. Desde el 1 de enero, los lácteos estadounidenses que cumplen las reglas de origen del tratado comercial ingresan al país sin aranceles ni contingentes. El cupo de leche en polvo de 18.987 toneladas previsto para 2025 se agotó el 31 de octubre de ese año, y con la última etapa de desgravación el límite desapareció. Una nueva apertura total para la leche en polvo europea está prevista para 2028.

Los volúmenes ya reflejan el cambio. El total de leche y derivados importados entre enero y julio llegó a 61.299 toneladas, 59,8% más que un año antes, y si se incluyen lactosueros y quesos la cifra asciende a 69.400 toneladas por unos 242 millones de dólares. Estados Unidos aportó 29.675 toneladas, 48,4% del total, seguido por Chile con 16,1%, Francia y Bolivia con 5,3% cada uno, Portugal con 4,5% y Argentina con 4%. Solo en julio ingresaron 13.674 toneladas, el mayor volumen mensual del año.

La estructura del producto importado es reveladora. La leche en polvo descremada lidera con 29.625 toneladas y 89,1 millones de dólares, y la entera suma 19.947 toneladas y 77,5 millones. Desde Estados Unidos llegaron además 6.238 toneladas de lactosueros y 2.152 de queso fresco. Con este ritmo, el país ya acumula 89% del volumen y 95% del valor importado durante todo 2025, y podría cerrar el año entre 100.000 y 119.000 toneladas, un máximo histórico.

La equivalencia en leche líquida ayuda a dimensionar el impacto. Cada kilo de leche en polvo representa unos 8 litros, de modo que las 28.160 toneladas ingresadas entre enero y mayo equivalen a cerca de 234 millones de litros, 16,3% del acopio formal frente a 9,2% en todo 2025. Antes del tratado, las importaciones equivalían a cerca de 4,6% del acopio nacional.

La razón técnica por la que la industria las demanda es clara. El secado por aspersión retira casi toda el agua y deja un producto estable de 12 a 24 meses, sin cadena de frío, con proteína y grasa concentradas: la leche en polvo entera aporta alrededor de 26% de grasa y 25% de proteína, y la descremada cerca de 35% de proteína con muy poca grasa. Eso permite recombinar y reconstituir leche para yogures, quesos procesados, helados, panificación y bebidas, regulando la composición con precisión y evitando la estacionalidad de la producción lechera local.

Esa práctica abre un debate de transparencia. Los productores piden que el consumidor pueda saber si un queso o un yogur se elaboró con leche fresca nacional o con leche reconstituida importada, una información que hoy no siempre aparece en el etiquetado. Para la industria, el punto técnico es que no todos los polvos sirven para todo: los tratados con alto calor desnaturalizan proteínas del suero y reducen el rendimiento quesero, por lo que la elaboración de queso suele requerir polvos de bajo tratamiento térmico.

El desafío para los ganaderos es cerrar la brecha de competitividad con productores de escala mayor y subsidios de apoyo en el origen. Mejorar la genética, la nutrición y la eficiencia del hato, asegurar la calidad composicional y fortalecer los acuerdos de compra con los procesadores serán las vías para defender cuota. Para las plantas, la oportunidad está en equilibrar costos de materia prima con la demanda de un consumidor que valora cada vez más el origen y la frescura.

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