La biotecnología desarrollada en Chile vuelve a posicionarse como un actor relevante en la modernización de la agricultura con un avance que podría impactar de manera directa la industria alimentaria y la reducción del desperdicio.
Un estudio científico publicado en la revista Agronomy describe el desarrollo exitoso de nuevas líneas de papa con menor pardeamiento postcorte, un atributo clave para la comercialización en fresco y para el procesamiento industrial.
El trabajo fue liderado por investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y se centró en la variedad Yagana, ampliamente utilizada en el mercado chileno por su buen rendimiento, sabor y adaptabilidad. Utilizando la tecnología de edición genómica CRISPR-Cas, el equipo científico modificó de manera precisa el gen PPO2, responsable de regular la actividad de la enzima polifenol oxidasa, principal causante de la oxidación que oscurece la pulpa de la papa tras el pelado, corte o daño mecánico.
Las líneas obtenidas mostraron una reducción significativa en la velocidad e intensidad del pardeamiento, sin alterar otras características agronómicas relevantes como rendimiento, textura o calidad culinaria. Un aspecto técnico central del estudio es que el producto final no contiene ADN de otras especies, ya que la edición genética se realizó sin introducir transgenes, lo que abre la puerta a su eventual clasificación regulatoria como producto no-OGM, sujeta a evaluación por parte del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
Este atributo resulta altamente estratégico. La papa es el tercer cultivo alimentario más consumido a nivel global y uno de los pilares de la industria de alimentos procesados, especialmente en segmentos como papas prefritas, congeladas, deshidratadas y listas para consumir. El pardeamiento es una de las principales causas de descarte en plantas de procesamiento, supermercados y servicios de alimentación, generando pérdidas económicas relevantes a lo largo de la cadena.
De acuerdo con estimaciones internacionales, hasta un 30% de las papas frescas puede perderse entre la cosecha y el consumidor final, en gran parte por deterioro visual. Reducir este fenómeno no solo extiende la vida útil del producto, sino que mejora la eficiencia logística, disminuye mermas y permite ofrecer un alimento más atractivo sin recurrir a aditivos o tratamientos químicos adicionales.
En términos científicos, la investigación valida el uso de la edición génica como una herramienta de alta precisión, capaz de modificar rasgos específicos sin afectar el resto del genoma. A diferencia de técnicas de mejoramiento convencional, que pueden tardar más de una década, CRISPR permite acortar significativamente los tiempos de desarrollo, algo especialmente relevante en un contexto de cambio climático, presión sobre los recursos y mayor demanda de alimentos.
El impacto potencial también se extiende al comercio exterior. Chile es un actor relevante en la producción de semillas de papa y en el suministro de variedades adaptadas a distintos mercados. Incorporar atributos de calidad postcosecha puede aumentar el valor agregado de estas variedades y mejorar su competitividad en mercados exigentes.
Para Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, este desarrollo confirma la madurez del ecosistema científico nacional. “Chile cuenta con capacidades avanzadas para aplicar biotecnología de manera responsable y orientada a resolver problemas concretos de la agricultura. La edición genética ofrece soluciones eficientes para mejorar la sostenibilidad, reducir pérdidas y fortalecer la seguridad alimentaria”, señaló.
El caso de la papa Yagana editada genéticamente ilustra cómo la innovación local puede generar impactos reales en productividad, sustentabilidad y competitividad, consolidando a la biotecnología como un eje estratégico para el futuro del sector agroalimentario.



