El mercado latinoamericano de empaques flexibles atraviesa una etapa de expansión sostenida, impulsada por cambios estructurales en el consumo, la regulación ambiental y la dinámica productiva regional.
De acuerdo con estimaciones de consultoras especializadas, este segmento alcanzará un valor cercano a los 14.720 millones de dólares en 2034, frente a los 10.770 millones proyectados para 2025, con una tasa de crecimiento anual compuesta de 3,53% durante el período 2025-2034. La cifra refleja la consolidación del empaque flexible como una solución estratégica para industrias clave como alimentos y bebidas, farmacéutica y cuidado personal.
En términos operativos, el empaque flexible se define por el uso de materiales adaptables —películas plásticas, papel, aluminio o estructuras laminadas— que permiten doblarse o cambiar de forma sin perder sus propiedades funcionales. Bolsas, sachets, envolturas y pouches preformados dominan la oferta, gracias a ventajas como menor peso, reducción en el uso de materias primas, eficiencia logística y una mejor protección del producto a lo largo de la cadena de distribución. Estas características han sido determinantes en mercados urbanos de alta densidad y en canales como el comercio electrónico.
La región se beneficia de una base de consumo en expansión. El crecimiento de la clase media, la mayor participación laboral femenina y la preferencia por alimentos listos para consumir han elevado la demanda de formatos convenientes y de porciones controladas. Países como Brasil, Argentina y Chile concentran gran parte de la capacidad instalada y de la innovación tecnológica. En particular, Argentina destacó recientemente por la fortaleza de su industria local y la adopción de tecnologías de impresión avanzada y materiales con menor impacto ambiental.
El marco regulatorio se ha convertido en un catalizador clave del mercado. Brasil avanza con un sistema obligatorio de logística inversa que exige a fabricantes e importadores recuperar y reciclar 32% de los envases plásticos en el corto plazo, con metas crecientes hacia 2040. A ello se suma la exigencia de incorporar contenido reciclado en los empaques plásticos, lo que está acelerando inversiones en resinas recicladas y en rediseño de estructuras. Chile, por su parte, ha fijado objetivos ambiciosos de reutilización y reciclabilidad bajo su esquema de responsabilidad extendida del productor, mientras que Colombia fortalece su estrategia de economía circular con énfasis en la recuperación de residuos y la protección de la biodiversidad. En México, la política arancelaria aplicada a productos de papel y empaque busca estimular la producción local y el abastecimiento regional en el marco del T-MEC.
Entre las principales tendencias del mercado destaca el avance de soluciones sostenibles. Las marcas están migrando hacia estructuras monomateriales, películas reciclables, compostables o de origen biobasado, en respuesta tanto a la presión normativa como a un consumidor más informado. La innovación en diseño también gana relevancia: pouches resellables, formatos stand-up y mejoras ergonómicas se combinan con impresión de alta calidad para reforzar la diferenciación en anaquel.
El auge del comercio electrónico está redefiniendo los requerimientos técnicos del empaque flexible. Se demandan materiales más resistentes, livianos y con mejores propiedades de barrera, capaces de reducir costos logísticos y emisiones asociadas al transporte. Paralelamente, crece la preferencia por presentaciones pequeñas y premium, especialmente en alimentos funcionales, cosmética y productos especializados, lo que amplía el portafolio de tamaños y acabados.
Aunque el plástico sigue siendo el material predominante por su versatilidad y desempeño, el papel y el aluminio ganan participación como complementos estratégicos, aportando mejoras en percepción ambiental y en protección del contenido. En conjunto, estas fuerzas posicionan al empaque flexible como uno de los pilares de la modernización industrial en América Latina durante la próxima década.



