FoodNewsLatam - El vino argentino, entre la pérdida cultural y el desafío productivo

El vino argentino, entre la pérdida cultural y el desafío productivo

Argentina Bebidas

“Estamos perdiendo hasta el lugar de bebida nacional”, advirtió Gustavo Samper, dirigente de la Cámara Vitivinícola de San Juan, al describir el retroceso sostenido del consumo interno de vino en la Argentina.

Su diagnóstico va más allá de una coyuntura económica: señala un desplazamiento cultural profundo, en el que otras bebidas ganan centralidad simbólica y comercial, mientras el vino pierde conexión con las nuevas generaciones.

Samper sostuvo que la industria contribuyó, en parte, a ese distanciamiento al convertir al vino en un producto excesivamente ritualizado. La construcción de reglas implícitas sobre cómo, cuándo y con qué debe beberse generó barreras de entrada para consumidores que históricamente lo incorporaban de manera cotidiana. En lugar de un producto flexible y cercano, el vino pasó a percibirse como algo complejo, reservado a especialistas o situaciones formales, lo que redujo su presencia en el consumo diario.

El contraste con otras categorías resulta elocuente. La cerveza, enfrentada a una caída similar en su formato tradicional, respondió con una diversificación agresiva: estilos, graduaciones, sabores y presentaciones que dialogan con públicos urbanos y jóvenes. El fernet, por su parte, amplió su base de consumo al asociarse con bebidas cola, mientras que el vermut volvió a ganar protagonismo a través de combinaciones simples y accesibles. En ese contexto, el vino quedó rezagado, con menor innovación en formatos y propuestas de consumo.

La estrategia de volcarse al mercado externo tampoco logró compensar la pérdida del mercado doméstico. Samper advirtió que el comercio internacional del vino se volvió extremadamente competitivo, con una sobreoferta global que presiona precios y márgenes. En ese escenario, Argentina enfrenta nuevos actores de peso. China, que hace quince años era vista como un mercado de consumo en expansión, hoy se consolida como productor relevante y podría transformarse en exportador neto, alterando aún más el equilibrio global.

A esta dinámica se suma un problema estructural: la logística. Para las economías regionales, el mayor costo no está en cruzar el océano, sino en trasladar la producción desde las zonas vitivinícolas hasta el puerto de Buenos Aires. El flete interno encarece la operación y reduce la competitividad, incluso antes de enfrentar aranceles o costos internacionales. La falta de infraestructura eficiente y de financiamiento agrava la situación, con plantas industriales que operan con equipamiento obsoleto y baja incorporación tecnológica.

En ese marco, San Juan conserva una ventaja estratégica en la producción de mosto concentrado, un insumo clave para la edulcoración de bebidas. La eventual aplicación plena de la ley de edulcoración podría generar una demanda de entre 40.000 y 50.000 toneladas, equivalente a más de la mitad de la producción nacional destinada a ese fin. La provincia se destaca por la calidad de su mosto, lo que abre una oportunidad concreta para fortalecer la cadena industrial y diversificar ingresos.

Además, las tendencias globales de consumo muestran un corrimiento hacia productos con menor contenido de azúcar y perfiles más saludables, un cambio que ya se refleja en mercados como Estados Unidos. Ese giro obliga a repensar variedades, procesos y destinos productivos, alineando la vitivinicultura con nuevas demandas sin perder identidad.

El desafío, según Samper, es integral: recuperar el mercado interno, modernizar la industria, reducir costos logísticos y evitar que el vino pierda su valor simbólico. En esa línea, el Ministerio de Producción de San Juan presentó a fines del año pasado una iniciativa de reconversión vitícola orientada al sector privado, con el objetivo de migrar hacia otros tipos de uva y ampliar la producción de mosto en el largo plazo. Sin una estrategia coordinada, el riesgo es sostener exportaciones frágiles mientras se diluye un patrimonio cultural construido, históricamente, desde el consumo local.

|