La incorporación del aceite de pecán y sus derivados al Código Alimentario Argentino (CAA) a través de la Resolución Conjunta 16/2025 representa un avance estratégico para la diversificación de la oferta productiva y la consolidación de una industria de frutos secos con estándares sanitarios y comerciales de excelencia.
Este reconocimiento no solo beneficia a Argentina, sino que proyecta al país como un referente en América Latina en la producción y comercialización de alimentos saludables a partir de nueces y sus subproductos.
El proceso que condujo a esta actualización normativa comenzó en 2021 con la articulación entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Cámara Argentina de Productores de Pecán (CAPPecán) y otras instituciones vinculadas a la agroindustria. El objetivo fue generar evidencia científica sólida para respaldar la calidad y seguridad de los productos derivados del pecán, incluyendo aceite, pasta y nueces deshidratadas.
En la Estación Experimental Agropecuaria Concordia, investigadores realizaron estudios de estabilidad, composición nutricional y perfil de ácidos grasos del aceite de pecán. Los análisis demostraron que el aceite es una fuente rica en ácidos grasos monoinsaturados, vitamina E y antioxidantes naturales, atributos que lo posicionan como un ingrediente de alto valor para la industria de alimentos funcionales, cosmética y nutracéutica. Marina Panozzo, investigadora del INTA Concordia, destacó que la investigación evidencia cómo la cooperación público-privada permite transformar un producto tradicional en materia prima sofisticada y confiable para mercados nacionales e internacionales.
La formalización de estos derivados habilita a emprendedores, pymes y grandes industrias a incorporar el pecán en alimentos innovadores, desde barras energéticas y mezclas de frutos secos hasta aceites gourmet y productos de repostería saludable. Esta diversificación abre oportunidades comerciales tanto en canales locales como de exportación, especialmente hacia mercados latinoamericanos donde la demanda de alimentos funcionales y con perfil nutricional superior crece a tasas cercanas al 10% anual.
Los impactos económicos y sociales son múltiples. La revalorización de subproductos fortalece las economías regionales al generar nuevas cadenas de valor y permitir que pequeños productores accedan a estándares de comercialización claros. Además, se promueve el uso integral del fruto, reduciendo pérdidas poscosecha y aumentando la rentabilidad de la producción primaria. Según datos de CAPPecán, la producción nacional de pecán alcanza actualmente más de 5.000 toneladas anuales, con un crecimiento sostenido impulsado por la adopción de cultivos tecnificados y sistemas de poscosecha más eficientes.
El aceite y sus derivados también abren camino para la industria de alimentos funcionales, ya que estudios recientes destacan el potencial del aceite de pecán para contribuir a la salud cardiovascular, gracias a su alto contenido de ácido oleico, y como fuente de antioxidantes naturales que favorecen la estabilidad oxidativa de los productos procesados. Esto coloca al pecán como un ingrediente estratégico para la formulación de alimentos dirigidos a consumidores conscientes de la nutrición y la salud, tendencia que gana fuerza en América Latina y el mundo.
La incorporación al CAA consolida un marco regulatorio claro que facilita la exportación y promueve la confianza del consumidor. Asimismo, la normativa permite que Argentina, junto a países vecinos que buscan diversificar sus cultivos de frutos secos, se posicione como un polo regional de innovación en alimentos saludables, gourmet y funcionales, potenciando su liderazgo en la industria de nueces dentro de Latinoamérica.
Con esta medida, la industria del pecán no solo gana legitimidad y competitividad, sino que también sienta las bases para un desarrollo sostenible, integrando innovación, ciencia y comercio en una estrategia de crecimiento regional que proyecta la nuez como un producto de alto valor para consumidores y mercados de toda Latinoamérica.



