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Vasos comestibles biodegradables: innovación uruguaya que avanza hacia un mercado global sostenible

Uruguay Bioseguridad

En Paysandú, Uruguay, dos estudiantes de la Licenciatura en Análisis Alimentario de la Universidad Tecnológica (UTEC) lideran un proyecto con potencial para transformar la forma en que la industria de alimentos y bebidas enfrenta el problema de desechos plásticos.

Camila Cheveste y Juliana Miranda, en la etapa final de su carrera, desarrollaron un vaso comestible y biodegradable que combina funcionalidad, sostenibilidad y experiencia sensorial, pensado tanto para bebidas frías como calientes, y con un impacto ambiental significativamente menor que los envases convencionales.

El incremento constante de los residuos plásticos –con cerca de 150 millones de toneladas de plástico usadas solo en envases cada año– ha impulsado la búsqueda de soluciones alternativas que reduzcan la huella ecológica de los embalajes alimentarios globalmente. Más de la mitad del plástico producido se destina a envases para alimentos y bebidas, pero solo una fracción mínima se recicla efectivamente, con tasas que caen por debajo del 10% en muchos casos debido a las dificultades de tratamiento y separación de materiales complejos.

Las cifras globales reflejan un desafío urgente: alrededor de 500 mil millones de vasos desechables son utilizados anualmente, provenientes en su mayoría de cafés, eventos y servicios de comida rápida. Estos vasos, fabricados de plástico o papel con revestimientos plásticos, contribuyen a la acumulación de residuos que tardan décadas o incluso siglos en degradarse, contaminando suelos, cursos de agua y océanos.

El proyecto de Cheveste y Miranda no solo responde a una asignación académica: se apoya en laboratorios especializados como el Laboratorio de Innovación Abierta (LabA) para probar la resistencia mecánica y la durabilidad del material bajo condiciones reales de uso. «Queremos que la experiencia de tomar un café incluya la posibilidad de comer el vaso después, con una textura similar a un pan o galleta, sin azúcar añadida, o bien que el recipiente se degrade de manera natural si no se consume», explican las jóvenes investigadoras.

Los vasos están compuestos principalmente por harinas y almidones –ingredientes que forman estructuras capaces de contener líquidos sin desintegrarse de inmediato– y cuya biodegradabilidad reduce de forma significativa el tiempo de permanencia en el ambiente frente a los plásticos tradicionales. Estos materiales también responden a tendencias científicas actuales en empaques alimentarios comestibles, que emplean biopolímeros, proteínas y extractos vegetales para crear barreras contra la humedad sin recurrir a derivados petroquímicos.

Desde el punto de vista del mercado, esta innovación se inserta en un sector en rápido crecimiento: el mercado global de envases comestibles y biodegradables está expandiéndose, con proyecciones que lo posicionan en torno a US$1.4 mil millones para 2032 y tasas de crecimiento compuestas elevadas, impulsadas por regulaciones ambientales, políticas contra plásticos de un solo uso y la preferencia de consumidores por productos sostenibles.

Este tipo de soluciones enfrentan desafíos, como el equilibrio entre resistencia estructural y biodegradabilidad, el costo de producción y la certificación saludable para contacto con alimentos, pero también representan una oportunidad comercial emergente. Se proyecta que segmentos como los vasos comestibles duplicarán su valor hacia 2035, a medida que cadenas de servicio, cafeterías y eventos masivos adopten prácticas que reduzcan su huella ecológica.

Además de su impacto ambiental positivo, los vasos comestibles pueden añadir valor a la experiencia del consumidor, ofreciendo una alternativa sensorial diferenciada frente a los productos desechables tradicionales. En un contexto donde los consumidores –especialmente las generaciones más jóvenes– están dispuestos a pagar más por soluciones sostenibles, innovaciones como ésta no solo responden a una necesidad ecológica, sino que también pueden generar nuevas líneas de negocios en la industria alimentaria y del packaging.

Camila y Juliana posicionan así a Uruguay en la vanguardia de una transformación global de los envases alimentarios, donde los vasos comestibles podrían dejar de ser una curiosidad para convertirse en una solución tangible frente a la crisis de residuos plásticos.

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