La actualización de la pirámide alimentaria de Estados Unidos, proyectada hacia el año 2030, marca un cambio estructural en las recomendaciones nutricionales y en la forma de abordar la salud pública, el nuevo enfoque desplaza el histórico predominio de los carbohidratos y sitúa en el centro de la alimentación diaria a las proteínas de alta calidad y a los alimentos enteros.
En este escenario, los alimentos del mar adquieren un protagonismo inédito como base de una dieta saludable, sostenible y respaldada por evidencia científica.
El rediseño responde a un diagnóstico preocupante. Actualmente, cerca del 50% de la población estadounidense vive con prediabetes o diabetes, mientras que aproximadamente el 75% de los adultos presenta al menos una enfermedad crónica. Estas condiciones concentran cerca del 90% del gasto sanitario del país, según datos de la plataforma oficial Real Food, y están estrechamente asociadas a patrones alimentarios basados en productos ultraprocesados, azúcares añadidos y exceso calórico.
Frente a este escenario, la nueva pirámide prioriza alimentos mínimamente procesados, diversidad nutricional y una reducción significativa de azúcares refinados. Las proteínas de alto valor biológico ocupan la cúspide, destacando especialmente los alimentos del mar por su densidad nutricional y su perfil lipídico. Los pescados azules, ricos en ácidos grasos omega 3, se consolidan como uno de los pilares de esta nueva arquitectura alimentaria.
Especies como el jurel, la caballa, la sardina y los salmónidos concentran EPA y DHA, ácidos grasos esenciales vinculados a la salud cardiovascular, metabólica y cerebral. Su consumo regular ha sido asociado con la reducción de triglicéridos, menor presión arterial y disminución del riesgo de eventos cardiovasculares, además de beneficios cognitivos y neuroprotectores a lo largo del ciclo vital.
Para la industria pesquera y acuícola, este cambio representa una validación estratégica. Paulo Rojas, director ejecutivo de ProPescado, subraya que la nueva pirámide refuerza el valor de los productos marinos como alimentos esenciales. Destaca el caso del jurel, un recurso abundante, accesible y altamente nutritivo, que forma parte de la oferta estructural de la pesca chilena y cuyo consumo aún tiene amplio margen de crecimiento en mercados internos y externos.
Desde la perspectiva nutricional, el rediseño también pone énfasis en la prevención. Nataly Gutiérrez, nutricionista y presidenta de Fundación Ruta Saludable, señala que la pirámide propone un abanico de alimentos reales, variados en macro y micronutrientes, con una lógica visual y funcional orientada a reducir enfermedades crónicas no transmisibles. La especialista resalta que los pescados ricos en omega 3 contribuyen al funcionamiento del sistema circulatorio, disminuyen la formación de ateromas y favorecen la salud del sistema nervioso central.
Además de su impacto fisiológico, los ácidos grasos esenciales desempeñan un rol clave en la neurogénesis, la neuroplasticidad y la regulación del estado de ánimo, con efectos positivos en memoria, aprendizaje, calidad del sueño y reducción de síntomas de ansiedad y depresión. Estos beneficios refuerzan la recomendación de incorporar alimentos del mar de forma regular y transversal en la dieta.
El nuevo paradigma nutricional también plantea desafíos estructurales. Para sostener este modelo, resulta indispensable un ecosistema internacional que promueva la pesca responsable y la acuicultura sustentable, con estándares exigentes de trazabilidad, manejo de recursos e innovación productiva. En ese marco, los alimentos del mar no solo se consolidan como un eje de la nutrición del futuro, sino también como un componente estratégico para la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y la salud pública global.



