América Latina y el Caribe es la despensa de frutas y verduras del planeta. Produce y exporta más que cualquier otra región del mundo en esas categorías, y sin embargo, ninguno de sus países cumple con la recomendación internacional de consumir 400 gramos diarios de frutas y verduras.
En Colombia, el promedio per cápita apenas llega a 100 gramos al día, menos de la cuarta parte de lo que indica la Organización Mundial de la Salud. Esta contradicción estructural es el hallazgo central del Informe sobre el Panorama de la Seguridad Alimentaria y las Dietas Saludables en América Latina y el Caribe, presentado por la Alianza de Bioversity International y el CIAT junto con el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá.
El diagnóstico es preciso y tiene consecuencias directas para la industria alimentaria: la región enfrenta simultáneamente déficit de consumo de alimentos nutritivos y exceso de productos ultraprocesados, azucarados y poco saludables. Una de cada cinco personas en la región no puede costear una dieta saludable, y las tres subregiones presentan un costo de alimentación saludable superior al promedio mundial, lo que convierte el acceso nutricional en un problema tanto de oferta como de asequibilidad.
El informe evaluó el cumplimiento de los cuatro principios de una alimentación saludable: que sea adecuada, balanceada, diversa y moderada. La conclusión es que ningún país de la región cumple con la mayoría de ellos. El consumo de legumbres, verduras y frutas permanece muy por debajo de las metas, mientras que el de bebidas azucaradas —gaseosas, energéticas y deportivas— supera ampliamente cualquier umbral razonable. Entre los países analizados, el porcentaje de población que consume bebidas azucaradas al menos una vez al día oscila entre el 74.1% en Colombia y el 92.5% en Honduras. En casi todos los países, más del 70% de la población cae en esa categoría.
Los números del azúcar son aún más reveladores. La ingesta diaria recomendada es de 45 gramos por persona. Colombia registra el mayor consumo diario con 109.8 gramos, seguida por Perú con 106.4 gramos y Ecuador con 102.4 gramos. Todos triplican prácticamente el límite recomendado, lo que se traduce en una carga creciente de enfermedades crónicas no transmisibles: diabetes tipo 2, obesidad, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, patologías que ya representan más del 75% de las muertes en la región según datos recientes de la Organización Panamericana de la Salud.
El informe también identifica una brecha de género que no había sido suficientemente documentada: en todos los países analizados, los hombres consumen más alimentos y bebidas azucaradas que las mujeres, aunque las mujeres muestran mayores niveles de inseguridad alimentaria moderada o grave, una combinación que revela patrones de privación y acceso diferenciados que las políticas públicas han atendido de manera insuficiente.
Para la industria de alimentos y bebidas, los hallazgos del informe tienen implicaciones concretas. La demanda potencial de productos saludables, accesibles y con perfil nutricional mejorado es enorme y está insatisfecha. El mercado de alimentos funcionales en la región crece a tasas superiores al 7% anual, y la reformulación de productos para reducir azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas ya no es solo una exigencia regulatoria, sino una oportunidad competitiva. La pregunta que deja el informe es directa: si la región produce los alimentos correctos, el desafío es transformar sus cadenas de valor para que esos alimentos lleguen, en formato conveniente y precio accesible, a los hogares que más los necesitan.



