La primera cosecha de ajo violeta en la provincia de Tierra del Fuego marca un hito para la diversificación agroproductiva en el extremo sur del país. En un territorio históricamente condicionado por su clima frío, baja amplitud térmica estival y una temporada agrícola corta, el logro demuestra que es posible incorporar nuevos cultivos con manejo técnico adecuado y planificación estratégica.
La iniciativa fue impulsada por Río Grande Activa en articulación con el Municipio de Río Grande, que concretaron la primera cosecha comercial de ajo violeta mediante cultivo a cielo abierto. El proyecto incorporó riego por goteo, tecnología clave para optimizar el uso del agua, mejorar la eficiencia en la fertilización y reducir riesgos de estrés hídrico en un contexto de suelos con limitaciones estructurales.
El resultado fue la obtención de aproximadamente 2.700 cabezas de ajo violeta, una variedad apreciada por su sabor intenso, mayor concentración de compuestos azufrados y buena capacidad de conservación poscosecha. El desempeño agronómico fue considerado favorable, validando los ensayos previos de adaptación varietal y manejo de fechas de siembra para sortear heladas tempranas y maximizar horas de luz en primavera-verano.
Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de ajo, con fuerte liderazgo de provincias como Mendoza, donde el ajo violeta ocupa una porción relevante por su demanda en mercados de Brasil, Estados Unidos y Europa. Replicar esta experiencia en el sur implica no solo ampliar la frontera productiva, sino también reducir dependencia de abastecimiento externo en una provincia insular con altos costos logísticos.
El cultivo atraviesa actualmente la etapa de secado o “curado”, proceso esencial para estabilizar el bulbo, reducir humedad interna y prolongar vida útil en almacenamiento. Este período, que puede extenderse entre dos y cuatro semanas según condiciones ambientales, impacta directamente en la calidad comercial y en la resistencia a patógenos poscosecha. Finalizado el secado, parte de la producción será destinada a la venta local, fortaleciendo circuitos cortos de comercialización y acceso a alimentos frescos de origen fueguino.
Otra fracción será reservada como semilla para la próxima campaña. La estrategia contempla selección de bulbos de mejor calibre, tratamiento sanitario preventivo y preparación del suelo con enmiendas orgánicas, apuntando a mejorar estructura, drenaje y disponibilidad de nutrientes. La continuidad del proyecto permitirá evaluar rendimientos por hectárea, comportamiento sanitario y estabilidad productiva en ciclos sucesivos.
Desde el plano técnico, el ajo (Allium sativum) requiere suelos sueltos, buena aireación radicular y adecuada fertilización nitrogenada y potásica para expresar potencial productivo. En regiones australes, el desafío radica en ajustar calendarios y proteger el cultivo frente a heladas. La experiencia de Río Grande sugiere que, con manejo preciso y monitoreo climático, es viable diversificar la matriz hortícola incluso en latitudes extremas.
Autoridades locales destacaron que producir alimentos en la provincia implica enfrentar mayores costos de insumos, energía y transporte, pero también genera valor agregado, empleo y resiliencia territorial. La apuesta por el ajo violeta se inscribe en una estrategia más amplia de soberanía alimentaria, orientada a incrementar la oferta local y reducir vulnerabilidades de abastecimiento.
Con esta primera cosecha, Río Grande consolida un precedente productivo que podría escalar en superficie y volumen en los próximos años. Más allá de las 2.700 cabezas iniciales, el proyecto abre la puerta a una horticultura fueguina más diversificada, tecnificada y con identidad propia en el mapa agroalimentario argentino.



