FoodNewsLatam - Recortes en INTI generan alerta en alimentos y exportaciones

Recortes en INTI generan alerta en alimentos y exportaciones

Argentina Procesos / Envases

La reestructuración del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) profundiza la incertidumbre en sectores clave de la economía argentina, especialmente en la cadena agroalimentaria y el comercio exterior.

La reciente decisión de eliminar más de 1.000 servicios técnicos, junto con un plan de reducción de personal que podría superar los 1.400 puestos, plantea desafíos operativos vinculados a la calidad, la trazabilidad y la seguridad de los productos.

La medida, formalizada mediante la resolución 42/2026, se inscribe en la estrategia del gobierno nacional orientada a reducir el gasto público y redefinir el rol de los organismos técnicos. Sin embargo, la implementación generó tensiones internas luego de que el presidente del INTI, Miguel Romero, se negara a convalidar despidos masivos solicitados por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, encabezado por Federico Sturzenegger. Esta diferencia de criterio abrió un conflicto institucional que se traduce en protestas del personal y en una creciente preocupación del entramado productivo.

El impacto más inmediato se observa en la discontinuidad de ensayos técnicos fundamentales para la industria. Entre ellos, análisis de contaminantes químicos, estudios de vida útil, verificación de autenticidad y determinación de composición en alimentos y bebidas. Estos servicios no solo garantizan estándares internos, sino que también responden a exigencias de mercados internacionales que demandan certificaciones independientes y verificables.

En el ámbito agropecuario, las consecuencias adquieren mayor relevancia. La reducción de capacidades técnicas afecta controles sobre granos, carnes y economías regionales, incluyendo la detección de residuos veterinarios, pesticidas y micotoxinas. Sustancias como el deoxinivalenol (DON), una toxina producida por hongos del género Fusarium en cereales como trigo y maíz, requieren monitoreos precisos para evitar rechazos en exportaciones. En paralelo, pruebas de identificación genética, como la verificación de ADN en soja, resultan esenciales para cumplir con normativas de trazabilidad en mercados exigentes.

La trazabilidad, entendida como la capacidad de seguir el recorrido de un producto desde su origen hasta el consumidor final, es un requisito central en cadenas como la cárnica. Argentina, uno de los principales exportadores de carne bovina, debe cumplir con estrictos protocolos sanitarios y de origen, donde la validación técnica independiente juega un rol determinante. La reducción de estos servicios podría incrementar los riesgos de observaciones sanitarias o barreras paraarancelarias.

En producciones específicas como la miel, donde el país se posiciona entre los mayores exportadores globales, los controles sobre adulteraciones —como la incorporación de jarabes— y enfermedades apícolas son clave para sostener la reputación internacional. Ensayos fisicoquímicos y cromatográficos permiten detectar desviaciones en parámetros como humedad, azúcares y residuos, aspectos que ahora quedan bajo revisión ante la reducción de servicios.

Desde el Gobierno se sostiene que muchos de estos análisis pueden ser absorbidos por laboratorios privados, promoviendo un esquema más competitivo. No obstante, especialistas advierten que ciertos ensayos requieren equipamiento de alta complejidad —como cromatografía líquida de alta resolución (HPLC) o espectrometría de masas— y acreditaciones internacionales que no siempre están disponibles de manera inmediata en el sector privado.

El escenario se complejiza en un contexto de ajuste más amplio sobre organismos técnicos. En paralelo, trabajadores del Servicio Meteorológico Nacional han anunciado medidas de fuerza que podrían afectar la provisión de datos climáticos críticos para la planificación agrícola.

La combinación de recortes, pérdida de capital humano especializado y redefinición de funciones abre interrogantes sobre la capacidad del sistema para sostener estándares de calidad y competitividad. En un mercado global donde la inocuidad, la trazabilidad y la certificación técnica son condiciones de acceso, la evolución del INTI será determinante para el posicionamiento de los productos argentinos.

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