FoodNewsLatam - Panamá enfrenta una epidemia silenciosa con hábitos que sí pueden cambiar

Panamá enfrenta una epidemia silenciosa con hábitos que sí pueden cambiar

Panamá

Siete de cada diez adultos en Panamá tienen exceso de peso. El 71.7% de la población mayor de 18 años presenta sobrepeso u obesidad, y el 35.3% ya se encuentra en el rango de obesidad clínica, según datos de la Organización Panamericana de la Salud actualizados en marzo de 2026.

Cada año, cerca de 9,000 panameños mueren por causas directamente vinculadas a estas condiciones, lo que representa el 45% de la mortalidad total del país. El panorama no mejora entre la población joven: hasta el 46% de los escolares en algunas regiones del país presenta sobrepeso, y los menores de cinco años registran una prevalencia del 13% en exceso de peso. Estos números convierten a Panamá en uno de los casos más críticos de la región en materia de nutrición, y enmarcan la celebración del Día Mundial de la Nutrición el próximo 28 de mayo con una urgencia concreta.

El gobierno lanzó en enero de 2025 el Plan de Aceleración para Detener la Obesidad en Panamá 2025-2030, un paquete de siete estrategias basadas en evidencia que incluye la regulación de publicidad de alimentos dirigida a menores, el impulso del etiquetado frontal de advertencia nutricional y la meta de que al menos el 50% de los actores clave lo adopten antes de 2030. La medida más visible fue la obligación de incluir agua en los combos de comida rápida como opción gratuita, una señal de que el entorno alimentario —y no solo la voluntad individual— está en el centro de las políticas de salud pública panameñas.

Para la industria de alimentos y bebidas, ese contexto define tanto las restricciones regulatorias que se aproximan como las oportunidades de innovación. El mercado global de edulcorantes no calóricos fue valorado en 2,800 millones de dólares en 2024 y crece a tasas del 5.8% anual, impulsado precisamente por la demanda de productos que reduzcan el aporte calórico sin sacrificar el perfil sensorial. Erika Rius, nutrióloga y Healthcare Marketing Manager en Splenda LATAM, señala que sustituir bebidas azucaradas —refrescos, jugos industrializados y bebidas energéticas— por agua o alternativas con edulcorantes no calóricos tiene un impacto medible en la reducción del riesgo de sobrepeso, diabetes tipo 2 y caries dentales.

La OMS recomienda limitar el consumo de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica diaria total, idealmente a 25 gramos, una meta que la mayoría de los panameños supera ampliamente dado que la población en general sustituye el agua por bebidas azucaradas como primera opción de hidratación.

El problema no es solo el azúcar visible. Salsas, panes, cereales y yogures industriales concentran cantidades significativas de azúcares ocultos que el consumidor promedio no identifica sin revisar la etiqueta nutricional. En ese punto, el etiquetado frontal se convierte en una herramienta de salud pública con efecto directo en las decisiones de compra: evidencia de varios países latinoamericanos confirma que los sistemas de advertencia con octógonos o sellos reducen la intención de compra de productos con excesos nutricionales entre un 25% y un 40%.

La ecuación nutricional se completa con actividad física. Treinta minutos diarios de caminata, reducir el tiempo sedentario y sustituir el ascensor por las escaleras son intervenciones de costo cero con impacto documentado. Para la industria, el mensaje de fondo del Día Mundial de la Nutrición 2026 es claro: el consumidor panameño está expuesto a un entorno que facilita el exceso y dificulta el equilibrio, y las marcas que ofrezcan soluciones reales —no solo promesas de salud— tienen una oportunidad real en uno de los mercados centroamericanos de mayor crecimiento del consumo masivo.

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