Japón dejó sin efecto el régimen de vigilancia reforzada que mantenía desde julio de 2025 sobre los envíos de chía paraguaya, luego de un año de controles adicionales y ajustes coordinados en toda la cadena productiva.
El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar japonés comunicó la modificación de su Plan de Monitoreo de Alimentos Importados para el año fiscal 2026 a través de la embajada paraguaya, y la chía volvió al Nivel 1 de vigilancia ordinaria: muestreos aleatorios sobre una proporción reducida de las partidas, sin las condiciones especiales del último año.
La medida especial había surgido tras detectarse residuos de atrazina en un cargamento paraguayo. Se trata de un herbicida del grupo de las triazinas, de uso extendido en el control de malezas de maíz y sorgo, que se caracteriza por su alta persistencia en el suelo —hasta doce meses— y su capacidad de migrar hacia napas subterráneas, razón por la cual la Unión Europea excluyó su registro hace años.
La chía no suele tratarse directamente con este producto, por lo que la traza detectada apunta más a la rotación de cultivos en lotes previamente sembrados con maíz que a una aplicación directa sobre el cultivo exportado, un matiz técnico que explica por qué el organismo japonés exigió, más que sanciones, evidencia sostenida de manejo agronómico correctivo.
El patrón no es nuevo: Japón ya había flexibilizado gradualmente sus exigencias sobre la chía paraguaya en episodios anteriores, pasando de una inspección del 100% de las cargas a controles sobre apenas el 30% en años previos, en un esquema similar al que atravesó el sésamo nacional. La combinación de trazabilidad de origen, análisis de residuos y protocolos de poscosecha terminó siendo, en ambos casos, la vía para recuperar el régimen ordinario.
El desenlace llega en un momento de expansión sostenida para el sector, Paraguay cerró 2024 con exportaciones cercanas a las 70.000 toneladas de chía por un valor FOB de 153,3 millones de dólares, y entre 2020 y 2024 acumuló más de 213.000 toneladas colocadas en más de setenta países. Hacia agosto de 2025 el volumen embarcado ya superaba las 44.200 toneladas, por encima del promedio anual de los últimos cinco años.
Estados Unidos concentra alrededor del 35% de esas exportaciones, seguido por Países Bajos, Bolivia, Alemania y Reino Unido, con Healthy Grains y Hypergrain como las firmas de mayor volumen exportador.
La exigencia del mercado japonés no es casual: la chía se posicionó como ingrediente premium en la industria de alimentos funcionales gracias a su perfil nutricional. Una porción de 28 gramos aporta cerca de 5 gramos de ácido alfa-linolénico, un omega-3 de origen vegetal presente en mayor proporción que en la linaza, junto con casi 10 gramos de fibra con efecto prebiótico y entre 15% y 25% de proteína según la variedad.
Ese perfil impulsó su incorporación en panificación, bebidas vegetales y suplementos en mercados exigentes como Japón, Alemania y los Países Bajos, donde la trazabilidad sanitaria pesa tanto como el precio.
Para el sector exportador paraguayo, la vuelta al régimen ordinario representa un alivio logístico directo: menos muestreos significan menor tiempo de desaduanaje y costos más bajos de certificación por partida, factores que en un mercado de márgenes ajustados como el agroexportador pueden definir la competitividad frente a otros orígenes como México o Bolivia, también proveedores relevantes de chía a nivel global.



