Productores lecheros del municipio de Camargo, Chihuahua, recibieron kits de prevención contra el Gusano Barrenador del Ganado (GBG), como parte de una jornada de entrega que llegó al Centro de Acopio de Leche El Mimbres, en la comunidad de Altavista, y a la quesería Cassidy's, donde fue recibida por su propietario, la acción busca poner herramientas de detección y tratamiento oportuno directamente en manos de quienes sostienen la cadena láctea de la región.
La entrega ocurre en un contexto nacional de alto voltaje comercial. Desde que la plaga reapareció en el país tras haber sido erradicada en 1991 mediante la técnica del insecto estéril, Estados Unidos ha cerrado en tres ocasiones distintas su frontera al ganado en pie procedente de México, la más reciente tras confirmarse un caso en un bovino del condado de Zavala, Texas. El golpe ha sido especialmente severo para los estados exportadores del norte —Chihuahua, Sonora y Coahuila— que durante años sostuvieron buena parte de su actividad pecuaria en la venta de becerros al mercado estadounidense.
Las cifras detrás de la emergencia explican por qué la prevención dejó de ser un asunto exclusivamente veterinario para volverse prioridad de política pública. Organizaciones del sector cárnico calculan pérdidas por casi 2 mil 800 millones de dólares en exportaciones de ganado en pie no realizadas durante los últimos dos años, mientras un análisis reciente sitúa el impacto económico total entre 2025 y 2026 por encima de los 23 mil millones de pesos. A ello se suma un efecto que ya llega al bolsillo del consumidor: distintos análisis sectoriales anticipan incrementos de hasta 3% en los costos de producción de carne y lácteos.
El Gusano Barrenador del Ganado es causado por la larva de la mosca Cochliomyia hominivorax, un parásito que infesta heridas abiertas de cualquier animal de sangre caliente —desde cortes por castración hasta cordones umbilicales expuestos— y cuya hembra adulta puede desplazarse entre 10 y 20 kilómetros diarios en busca de tejido vivo donde depositar sus huevecillos. Sin atención oportuna, la miasis provoca pérdidas de peso, mayores costos veterinarios, disminución del valor comercial del animal y, en casos severos, la muerte por infecciones secundarias.
Los kits distribuidos en distintas regiones del país replican un protocolo ya estandarizado entre las dependencias agropecuarias estatales: tubos para colectar muestras de larvas en alcohol, larvicidas en polvo o cicatrizantes, antisépticos como clorhexidina, endectocidas, jeringas y guantes, además de material informativo para identificar heridas sospechosas y reportarlas al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica). El tratamiento oportuno, señalan especialistas, puede cicatrizar una lesión activa en apenas tres días de aplicación continua, lo que reduce el tiempo de exposición del hato y protege el desempeño productivo de cada unidad de producción.
El Centro de Acopio El Mimbres, uno de los puntos donde se realizó la entrega, es un proyecto surgido de la organización de los propios productores de Altavista para fortalecer la comercialización de la leche de la región. Centros de acopio consolidados como este facilitan que las acciones preventivas y de capacitación lleguen de forma ordenada a más unidades productivas, en lugar de depender de visitas dispersas.
La parada en la quesería Cassidy's puso el acento en otro eslabón de la cadena: el valor agregado que las empresas familiares generan a partir de la leche de la región. Con la frontera cerrada al ganado vivo, este segmento ha ganado peso dentro de la economía regional conforme más productores transforman su producción localmente en vez de exportarla sin procesar, una tendencia que también se observa a escala nacional en el repunte de las exportaciones de carne empacada frente a la caída del comercio de animales en pie.



