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Jalisco convierte al tequila en motor de turismo y negocio

México Bebidas

Cada 24 de julio, Día Internacional del Tequila, Jalisco reafirma su posición como epicentro indiscutible de una industria que combina tradición agrícola, ciencia de fermentación y una de las historias de exportación más sólidas del sector de bebidas espirituosas en México.

Para el turismo de experiencia y para la cadena de valor agroindustrial, la fecha funciona como vitrina: la Ruta del Valle del Tequila y la Ruta del Tequila de Los Altos concentran destilerías, campos de agave y recorridos que conectan directamente al visitante con el origen de la bebida, mientras el Tequila Express y el José Cuervo Express trasladan a los pasajeros desde Guadalajara hasta el Pueblo Mágico de Tequila con degustaciones a bordo.

Una denominación de origen que solo permite un cultivar

Detrás de la experiencia turística hay una base científica precisa. El tequila únicamente puede elaborarse con Agave tequilana Weber variedad azul, una planta xerófila que tarda entre seis y diez años en madurar y que concentra su reserva de azúcares en la piña, el corazón del agave. Ese tejido se cuece para hidrolizar la inulina —un polímero de fructosa— en azúcares fermentables, el mosto resultante se inocula con levaduras del género Saccharomyces cerevisiae y, tras la fermentación, se destila para separar el etanol de las vinazas.

El suelo rojizo y volcánico de la región, sumado al régimen de altitud y temperatura de cada microrregión, es lo que la industria y los científicos coinciden en señalar como el factor que explica por qué un mismo cultivar produce perfiles sensoriales distintos entre el Valle y Los Altos.

Casas como Sauza integran esa base técnica en experiencias de jima, plantación y degustación, mientras Hacienda La Cofradía suma museo, cabalgatas entre agaves y un hotel único en su tipo, con habitaciones en forma de barricas gigantes, que ilustra cómo el enoturismo tequilero ya compite con destinos vitivinícolas consolidados en materia de infraestructura.

Una industria que rompió récord de producción en 2025

El atractivo turístico corre en paralelo a un desempeño comercial histórico. Según cifras preliminares del Consejo Regulador del Tequila, la producción nacional cerró 2025 en 583,5 millones de litros, un salto del 17,7% frente a los 495,8 millones de litros de 2024. Las exportaciones también avanzaron, hasta 407,8 millones de litros, con Estados Unidos como comprador dominante —más de 330 millones de litros—, seguido por España, Alemania, Canadá y Japón.

El tequila mexicano ya tiene presencia comercial en más de 120 países, y el consumo de agave utilizado por la industria pasó de 1,8 a 2,18 millones de toneladas en el último año, evidencia del ritmo de siembra y cosecha que sostiene esta expansión.

Ese crecimiento no ha estado exento de fricciones: en el primer cuatrimestre de 2026 las exportaciones hacia Estados Unidos mostraron una desaceleración del 4,2%, en un contexto de menor consumo global de alcohol y de negociaciones arancelarias vinculadas a la revisión del T-MEC, un frente que el propio Consejo Regulador sigue de cerca.

El agave, más allá de la copa

La ciencia detrás del agave también abre líneas de negocio adicionales a la bebida. Investigaciones recientes documentan que los fructanos del agave, además de servir como sustrato para bioetanol de segunda generación a partir de residuos de hoja, funcionan como prebióticos con efectos comparables al psyllium en salud digestiva, un hallazgo que amplía el valor comercial de la planta hacia la industria de ingredientes funcionales.

Con récords de producción, una denominación de origen protegida internacionalmente y un ecosistema turístico que crece al ritmo de la demanda global, Jalisco consolida al tequila como uno de los activos agroindustriales más rentables —y mejor documentados científicamente— del país.

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