La agroindustria azucarera mexicana entra en un ciclo de expansión inédito, tras meses de diálogo bilateral entre los gobiernos de México y Estados Unidos, el Departamento de Agricultura estadounidense (USDA) proyecta importar 1,152,000 toneladas de azúcar mexicana durante el ciclo 2026-2027, una cifra 512% superior a la estimada para la temporada 2025-2026.
El dato, difundido en el informe mensual de oferta y demanda agrícola publicado el 10 de julio, marca un punto de inflexión para un sector que durante años operó bajo cupos restrictivos.
El acuerdo se gestó a partir de noviembre de 2025, cuando la secretaria de Agricultura estadounidense, Brooke Rollins, visitó a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para destrabar un esquema que desde 2014 limita los volúmenes de venta de azúcar mexicana como mecanismo para evitar disputas comerciales entre ambos países.
En los últimos ciclos, esos cupos se habían reducido conforme disminuía la necesidad de importaciones del vecino del norte, lo que golpeó directamente la rentabilidad de los ingenios y de las más de 170,000 familias cañeras del país.
El impacto económico proyectado no es menor: la ampliación de la cuota podría traducirse en 4,760 millones de pesos adicionales —cerca de 270 millones de dólares— distribuidos entre los productores de caña en la próxima zafra. En la estructura de valor de la industria, los abastecedores de materia prima concentran alrededor del 57% del ingreso generado por cada tonelada procesada, por lo que cualquier ampliación de cuota se traslada con rapidez al bolsillo del campo. Quince estados del país, encabezados por Veracruz, Jalisco y San Luis Potosí, concentran la operación de los ingenios que sostienen esta cadena productiva.
La medida llega además en paralelo a una política interna de protección arancelaria: desde el 11 de noviembre de 2025 rige un arancel de hasta 210% sobre las importaciones de azúcar, diseñado para blindar a la agroindustria nacional frente a la sobreoferta internacional y la caída de precios en los mercados globales. Esa combinación de resguardo doméstico y apertura selectiva hacia Estados Unidos configura una estrategia de doble vía: sostener el precio interno mientras se recupera el espacio perdido en el mercado de exportación más relevante para el país.
En términos productivos, México se ubica entre los siete mayores productores de azúcar del mundo, con más de 56 millones de toneladas de caña cosechadas al año en cerca de 848,000 hectáreas. La zafra 2025-2026 acumulaba, hacia fines de junio, 5.3 millones de toneladas de azúcar, con un rendimiento de campo de 43.35 toneladas por hectárea y un rendimiento agroindustrial de 3.27 toneladas de azúcar por hectárea, ambos por encima de los registros del ciclo anterior.
Estos indicadores agronómicos —que combinan variedades de mayor contenido de sacarosa con mejoras en la eficiencia de molienda— explican en parte la capacidad del país para responder a una demanda externa que crece de forma abrupta.
El mercado estadounidense, por su parte, enfrenta una necesidad estructural de abasto que no cubre con producción doméstica, lo que convierte a México en su proveedor natural por cercanía geográfica y costos logísticos. Para los ingenios y las asociaciones cañeras, el desafío inmediato pasa por coordinar tiempos de entrega y estándares de calidad exigidos por el USDA, así como definir la distribución de los cupos entre las distintas regiones productoras.
De cumplirse las proyecciones, la temporada 2026-2027 quedará marcada como el momento en que la industria azucarera mexicana recuperó, con cifras concretas, buena parte del terreno cedido en la última década frente a su principal socio comercial.



