El mercado global de alimentos a base de plantas fue valorado en 238,250 millones de dólares en 2025 y se proyecta que supere los 491,000 millones para 2034, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 8.47%. En ese contexto de expansión sostenida, Argentina necesitaba que su industria plant-based tuviera una conducción activa, articulada y con agenda concreta.
Pancho Piñero Pacheco, fundador de Casa Vegana y CEO de Vegan Nature Group, retomó en mayo de 2026 la presidencia de la Asociación de Productores de Alimentos a Base de Plantas de Argentina —la ABP— tras la convocatoria del directorio, con una plataforma de tres ejes que busca transformar al país en referente regional del sector.
La ABP es una asociación civil sin fines de lucro fundada en 2019 y consolidada en 2021, que nuclea a más de 90 empresas vinculadas a la producción plant-based. Su historia institucional ya tiene logros concretos: durante la primera gestión de Piñero Pacheco —que se extendió hasta enero de 2024, cuando decidió concentrarse en sus emprendimientos productivos— la entidad obtuvo el reconocimiento del sector plant-based como estratégico por parte del gobierno nacional, gestionó aportes no reembolsables para siete empresas integrantes y creó la Mesa Plant-Based con la Comisión Nacional de Alimentos como espacio permanente de articulación entre la industria y el regulador. Ese antecedente da sustancia al regreso: no es un presidente simbólico, es alguien que ya demostró que la gestión gremial puede generar resultados concretos para los productores.
La agenda de la nueva conducción organiza sus prioridades en tres frentes. El primero es la internacionalización: posicionar a Argentina como referente regional en producción plant-based, con énfasis en el desarrollo exportador y la articulación con organismos de promoción comercial como ProArgentina. El contexto favorece esa ambición. Las exportaciones argentinas de productos orgánicos certificados alcanzaron las 167,600 toneladas en 2025, un incremento del 31% interanual, con el 99% concentrado en productos de origen vegetal. Esa base exportadora ofrece infraestructura y credenciales internacionales que el sector plant-based puede capitalizar.
El segundo frente es normativo. La industria plant-based enfrenta en Argentina un déficit regulatorio concreto: la ausencia de estándares específicos de etiquetado para productos a base de plantas genera confusión en el consumidor y barreras de entrada al retail. El trabajo conjunto con organismos públicos para avanzar en esas normativas es condición necesaria para que el sector escale sin las fricciones que hoy limitan su penetración en supermercados y grandes cadenas.
El tercer frente es de servicios directos a los socios. Pool de compras de insumos y packaging, acuerdos con bancos y proveedores de servicios, acompañamiento para el acceso a cadenas nacionales de retail y la organización de un evento sectorial son las iniciativas concretas que la gestión comprometió. Para las más de 90 empresas que integran la ABP —en su mayoría pymes con capacidad limitada de negociación individual— esas herramientas colectivas pueden marcar una diferencia real en la estructura de costos y en el acceso a canales de distribución.
El enfoque plant-based en 2026 se desplaza de las imitaciones hacia productos vegetales con valor nutricional real y mínimamente procesados, según las principales consultoras de tendencias globales. Argentina tiene las materias primas, la industria y ahora la organización para competir en ese espacio.



