FoodNewsLatam - México consolida su liderazgo agroalimentario con más controles de inocuidad

México consolida su liderazgo agroalimentario con más controles de inocuidad

México Control Calidad

El sector agrícola y la industria alimentaria mexicana reafirmaron un compromiso conjunto para garantizar productos sanos y seguros, en un momento en que el país se consolida como uno de los mayores proveedores de alimentos del mundo, la articulación entre autoridades sanitarias, productores primarios y empresas procesadoras se ha vuelto un eje central de la estrategia exportadora, en un contexto donde los mercados internacionales endurecen cada año sus exigencias de calidad higiénico-sanitaria.

El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) opera como el engranaje técnico detrás de ese compromiso. A través de su certificación Tipo Inspección Federal (TIF), destinada a plantas dedicadas al sacrificio, abasto, conservación y transformación de productos cárnicos, el organismo garantiza que los alimentos cumplan normas nacionales e internacionales antes de circular libremente en el mercado interno o salir a exportación.

Actualmente operan 440 establecimientos TIF distribuidos en 28 estados del país, cada uno bajo inspección sanitaria permanente de más de mil médicas y médicos veterinarios oficiales, un esquema que funciona como filtro constante entre la producción primaria y el consumidor final.

El resultado de ese andamiaje regulatorio se refleja en cifras comerciales concretas: México se ubica como el onceavo productor mundial de alimentos y figura entre los diez principales países exportadores del sector, colocando productos en 191 mercados internacionales. Ese posicionamiento no es casual; responde a decenios de trabajo fitosanitario acumulado, incluidas más de 122 años de aplicación ininterrumpida de medidas de protección vegetal y una participación activa en la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria, que hoy vigila 44 normas globales entre 184 países miembros.

El argumento científico detrás de toda esta arquitectura sanitaria es contundente. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, cerca de 600 millones de personas enferman anualmente por consumir alimentos contaminados en el mundo, y más de 420,000 mueren por esa misma causa. Ese dato convierte a la inocuidad alimentaria en un asunto de salud pública, pero también en una condición de acceso a mercado: un solo hallazgo de un patógeno o residuo fuera de norma puede cerrar de un día para otro las puertas de exportación hacia un país comprador, con pérdidas económicas que superan por mucho el costo de mantener sistemas de control robustos.

En ese sentido, las cadenas productivas más sensibles —granos, hortalizas, avícola, cárnicos, acuícola y pesquera— han sido objeto de monitoreo prioritario por parte de las autoridades, en colaboración con organismos empresariales como el Consejo Nacional Agropecuario y asociaciones industriales que agrupan a fabricantes de alimentos procesados.

Ese trabajo conjunto incluye la implementación de Sistemas de Reducción de Riesgos de Contaminación en la producción y el procesamiento primario, aplicables tanto a productos de origen vegetal como animal, acuícola y pesquero, con el objetivo declarado de reducir a su mínima expresión las enfermedades transmitidas por alimentos.

La apuesta de fondo para la industria alimentaria mexicana es doble: sostener el abasto interno sin comprometer la calidad y, al mismo tiempo, mantener la competitividad de sus exportaciones en un entorno donde el cambio climático ha intensificado la presión de plagas y enfermedades sobre los cultivos, obligando a las naciones importadoras a elevar sus estándares de admisibilidad.

La evidencia acumulada indica que la ecuación funciona: cada certificación TIF, cada norma fitosanitaria aplicada y cada punto de control en la cadena agroalimentaria se traduce, en última instancia, en más mercados abiertos y menos riesgo sanitario para quien finalmente se sienta a la mesa.

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