El grupo familiar propietario de SuKarne, la mayor exportadora de carne de México, explora una posible venta que podría valuar a la compañía en más de 2,000 millones de dólares, según personas cercanas al proceso.
La operación está siendo asesorada por los bancos de inversión Rabobank y BBVA, aunque las fuentes consultadas advirtieron que la transacción todavía no está garantizada y podría no concretarse.
Ni SuKarne ni Rabobank respondieron de inmediato a solicitudes de comentarios sobre el proceso, mientras que BBVA optó por no pronunciarse, el silencio institucional contrasta con el peso que la compañía tiene en la cadena de proteína animal de Norteamérica, un mercado ya dominado por cuatro grandes jugadores: Tyson Foods, Cargill, la brasileña JBS y National Beef Packing Co.
Lo que distingue a SuKarne dentro de ese mapa es su integración vertical completa, que abarca desde la engorda de ganado hasta el procesamiento y la distribución final, un modelo que la convierte en un activo estratégico para cualquier comprador interesado en tomar posición en el mercado mexicano.
Fundada en 1969 en Culiacán, Sinaloa, por José Isabel Vizcarra y María Calderón, la empresa es hoy dirigida por su hijo, Jesús Vizcarra Calderón, presidente del consejo, director general y accionista mayoritario. Bajo su gestión, SuKarne consolidó una huella productiva considerable: procesa alrededor de un millón y medio de cabezas de ganado al año y genera cerca de 640,000 toneladas de carne de res, además de 95,000 toneladas de cerdo y 28,000 toneladas de pollo, cifras que la ubican entre los mayores procesadores de proteína animal del continente.
La compañía concentra cerca del 75% de las exportaciones cárnicas mexicanas y mantiene operaciones en más de 13 países repartidos en cuatro continentes, además de ser proveedor principal de las cadenas de supermercados del país y tener presencia comercial en Estados Unidos.
En años recientes, sus ventas totales rondaron los 3,718 millones de dólares, de los cuales cerca de 1,262 millones correspondieron a exportaciones, una proporción que subraya la dependencia del negocio respecto a los mercados internacionales y, en particular, al estadounidense.
El interés por vender surge en un momento particularmente sensible para la ganadería mexicana. Durante más de un año, Estados Unidos mantuvo cerrada su frontera a las importaciones de ganado en pie procedente de México como medida de contención ante el gusano barrenador del Nuevo Mundo, una plaga parasitaria que afecta tejido vivo de animales de sangre caliente y que había sido erradicada de territorio estadounidense décadas atrás.
La restricción sanitaria, lejos de frenar a la industria, aceleró la inversión mexicana en alimentación de ganado y capacidad de procesamiento, lo que terminó impulsando las exportaciones de carne ya procesada hacia el mercado estadounidense en sustitución del ganado vivo.
Ese reacomodo estructural, sumado a la reapertura gradual de la frontera, coloca a SuKarne en una posición de negociación favorable justo cuando explora opciones de salida. Para los inversionistas de private equity y los grandes conglomerados cárnicos globales, adquirir una plataforma con presencia en toda la cadena de valor.
Feedlots, rastros, procesamiento y distribución— representa una vía directa de acceso al mercado mexicano y a sus canales de exportación certificados, incluyendo protocolos como la certificación Halal, que abre la puerta a mercados de Medio Oriente con más de 40 millones de consumidores potenciales.
Mientras el proceso avanza en reserva, la industria cárnica global observa de cerca un movimiento que podría redibujar el mapa de la proteína animal en Norteamérica.



