China refuerza su apuesta por la genética agrícola como pilar de su seguridad alimentaria. La provincia de Sichuan presentó en Chengdu un programa de 300 millones de yuanes, unos 44.5 millones de dólares, para financiar 23 proyectos de mejoramiento genético de cultivos, ganado y especies acuícolas. En ellos participan 134 universidades, centros de investigación y empresas.
La iniciativa forma parte del XV Plan Quinquenal de China, que abarca de 2026 a 2030, y cubre arroz, maíz, trigo, oleaginosas, cultivos comerciales, ganadería y acuicultura. Según el Departamento de Ciencia y Tecnología de la provincia, el presupuesto se reparte así: 90 millones de yuanes para granos y oleaginosas, 95 millones para cultivos comerciales, 90 millones para genética animal y acuícola, y 25 millones para plataformas de investigación y servicios científicos.
El nuevo programa da continuidad a una etapa anterior que, con un presupuesto similar, financió 33 proyectos. De esa etapa salieron 297 nuevas variedades de cultivos y razas animales: 144 de granos y oleaginosas, 139 de cultivos comerciales y 14 de ganadería y acuicultura. También se crearon más de 200 bases de demostración tecnológica y se aplicaron 117 resultados científicos.
Entre los desarrollos destacados está el maíz Chengdan 716. En zonas de baja altitud cercanas a la cuenca de Sichuan alcanzó rendimientos experimentales de unas 13.64 toneladas por hectárea, y hoy se promueve en unas 357,000 hectáreas. El programa también logró avances en arroz híbrido, trigo y genética porcina, un área estratégica para el país que más carne de cerdo consume en el mundo.
La nueva etapa se propone evaluar más de 1,000 recursos de germoplasma y lograr la aprobación o el registro de más de 200 variedades o líneas de mejoramiento. Tendrá controles anuales, una evaluación a los tres años y una revisión final al quinto año.
La inversión de Sichuan es una pieza de una estrategia nacional más amplia. China considera la industria de semillas un área prioritaria para depender menos de la genética extranjera, mejorar la productividad en una superficie agrícola limitada y garantizar el abastecimiento de alimentos para más de 1,400 millones de personas. Sichuan es una de las principales provincias agrícolas del país y un centro importante de producción de cerdo, arroz, té y cítricos.
Para América Latina, el avance chino trae desafíos y oportunidades. Brasil, Argentina, México, Paraguay y Colombia son grandes productores de alimentos y dependen de la innovación genética para seguir siendo competitivos. En la región, Embrapa, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), junto con empresas privadas de semillas, desarrollan variedades adaptadas a las condiciones locales.
El reto regional es sostener la capacidad de investigación, acelerar la transferencia tecnológica y lograr que las innovaciones lleguen a productores de todas las escalas. Si China consigue mejoras sostenidas en el rendimiento del maíz, las oleaginosas y la genética animal, a mediano plazo podría necesitar importar menos. Eso importa a los exportadores latinoamericanos de soja, maíz y carnes.
Para la industria de alimentos y bebidas, la genética agrícola define la disponibilidad, el costo y la calidad de las materias primas. Las variedades con más rendimiento, resistencia a la sequía y mejores perfiles nutricionales o industriales se traducen en cadenas de suministro más estables y en nuevas oportunidades para ingredientes diferenciados.



