FoodNewsLatam - México debe fortalecer su estrategia agroalimentaria ante revisión del T-MEC

México debe fortalecer su estrategia agroalimentaria ante revisión del T-MEC

México Agricultura

México enfrenta una nueva etapa en la evolución del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), luego de que el gobierno estadounidense notificara que no extenderá automáticamente la vigencia del acuerdo por otros 16 años.

La decisión activa el mecanismo previsto en el propio tratado, que contempla revisiones anuales hasta 2036, un escenario que obliga al país a reforzar su estrategia de negociación para proteger la competitividad de su sector agroalimentario y ofrecer mayor certidumbre a las cadenas regionales de suministro.

El comercio agroalimentario de América del Norte constituye uno de los mercados integrados más importantes del mundo. México se ha consolidado como uno de los principales proveedores de frutas, hortalizas, cerveza, tequila, aguacate, berries, tomate, carne bovina y productos procesados para Estados Unidos, mientras que mantiene una elevada dependencia de las importaciones de granos, oleaginosas, carne de cerdo, pollo y maíz amarillo provenientes de sus socios comerciales.

En este contexto, el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) considera que la revisión del T-MEC debe preservar los principios de libre comercio que han impulsado el crecimiento del intercambio regional durante las últimas décadas. La consultora advierte que México no debe aceptar mecanismos de estacionalidad para restringir las importaciones agrícolas, ya que podrían distorsionar el funcionamiento de mercados altamente integrados y afectar la planeación de productores, procesadores, distribuidores y empresas de alimentos.

En caso de que Estados Unidos impulse este tipo de restricciones para determinados productos hortofrutícolas, México tendría la posibilidad de responder mediante medidas equivalentes sobre mercancías estratégicas para la economía estadounidense, incluyendo maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, carne de cerdo, carne de pollo y otros productos agroalimentarios de alto volumen comercial.

La revisión también representa una oportunidad para atender temas que permanecen abiertos desde hace varios años. Entre ellos destacan la eliminación de los acuerdos de suspensión aplicados al tomate mexicano, un mayor equilibrio en el comercio de azúcar y jarabe de maíz de alta fructosa, así como la normalización de las exportaciones de ganado bovino en pie, afectadas por restricciones sanitarias derivadas del gusano barrenador.

Las medidas sanitarias y fitosanitarias continuarán ocupando un lugar central en las negociaciones. La aplicación del principio de regionalización sanitaria previsto en el Capítulo 9 del T-MEC permitiría que eventuales brotes de enfermedades o plagas se gestionen de manera focalizada, evitando cierres generalizados de fronteras cuando existan controles epidemiológicos suficientes para limitar los riesgos.

La industria alimentaria también observa oportunidades para modernizar la infraestructura comercial de América del Norte mediante una mayor digitalización de los procesos aduaneros, el intercambio electrónico de certificados sanitarios, la interoperabilidad de plataformas regulatorias y la homologación de protocolos de inspección entre los tres países. Estas herramientas pueden reducir tiempos de despacho, disminuir costos logísticos y fortalecer la trazabilidad de alimentos e ingredientes a lo largo de toda la cadena de suministro.

Otra propuesta consiste en avanzar hacia una Unión Aduanera y una Unión Sanitaria regionales que faciliten el reconocimiento mutuo de certificaciones oficiales, armonicen los procedimientos de inspección y permitan responder con mayor rapidez ante emergencias zoosanitarias o fitosanitarias que puedan afectar el comercio.

Para la industria de alimentos y bebidas, la principal preocupación no es únicamente la revisión del tratado, sino la incertidumbre derivada de un esquema de evaluaciones anuales que podría influir en las decisiones de inversión, expansión industrial y desarrollo de nuevas cadenas de valor. La estabilidad regulatoria seguirá siendo un elemento determinante para consolidar la competitividad de América del Norte frente a otros bloques económicos y mantener el dinamismo del comercio agroalimentario regional.

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