México dejó de ser reconocido únicamente como el principal productor y exportador de aguacate fresco del planeta para convertirse también en el epicentro mundial de su industria de aceite. El país no solo lidera la producción de la fruta, sino que además concentra el mayor número de plantas industriales de extracción del mundo, un sector que crece de forma acelerada impulsado por la demanda internacional tanto del rubro alimenticio como del cosmético.
La expansión responde a un modelo de aprovechamiento integral de la cadena de valor. Lo que durante años se consideró un desecho del proceso de empaque y exportación de aguacate fresco, principalmente fruta con defectos estéticos que no cumplía los estándares de exportación, hoy se transforma en insumo estratégico para la extracción de aceite, generando una segunda fuente de ingresos a partir de materia prima que antes se perdía.
La magnitud del negocio de fondo resulta contundente: México produce cerca del 30% de la cosecha mundial de aguacate y participa con aproximadamente el 40% del valor total del comercio internacional del fruto, cifras que en la balanza comercial nacional superan incluso a las exportaciones combinadas de petróleo crudo, gas y gasolinas. Michoacán concentra más de cuatro quintas partes de la producción nacional, mientras estados como Jalisco, Nayarit y Yucatán ganan protagonismo tanto en cultivo como en procesamiento industrial de aceite.
La llegada de jugadores globales especializados fue determinante para profesionalizar el segmento. La firma italiana Amenduni, parte del Grupo Valbruna y con más de un siglo de trayectoria en tecnología de extracción de aceites vegetales, instaló más de 100 líneas de procesamiento en distintos países, con fuerte presencia en territorio mexicano, aportando maquinaria de prensado en frío capaz de preservar la integridad nutricional del producto final.
Ese método de extracción resulta clave para entender el atractivo comercial del aceite de aguacate frente a otros aceites vegetales: a diferencia de variedades que requieren procesos de refinado a altas temperaturas, el prensado en frío conserva ácidos grasos monoinsaturados, vitamina E y compuestos antioxidantes presentes de forma natural en la pulpa del fruto. Su elevado punto de humo, cercano a los 270 grados Celsius, lo posiciona además como una opción versátil tanto para cocción a alta temperatura como para uso en frío, un atributo técnico que gana terreno entre chefs y formuladores de alimentos.
El reconocimiento internacional del producto avanzó también en el terreno regulatorio: el aceite de aguacate fue incorporado a la norma internacional del Codex de Grasas y Aceites, organismo que estableció parámetros oficiales de identidad para garantizar su calidad e inocuidad y prevenir adulteraciones, un paso que facilita su comercialización bajo estándares homologados en mercados exigentes.
Colombia, Chile y Ecuador siguen a México como productores relevantes de aceite de aguacate en la región, aunque ninguno logra igualar su escala industrial. El sector, todavía joven en términos de madurez productiva, proyecta expansión sostenida tanto en la industria alimentaria como en la cosmética y farmacéutica, donde el aceite se utiliza en formulaciones hidratantes para piel y cabello.
Con una producción mundial de aguacate que ya supera los 9 millones de toneladas anuales y una demanda de derivados en plena expansión, la consolidación de México como referente tecnológico en aceite de aguacate abre una nueva etapa de valor agregado para una agroindustria que hasta hace pocos años dependía casi exclusivamente de la exportación de fruta fresca.



