La Pontificia Universidad Católica de Chile avanza en el desarrollo de un suplemento de omega 3 de origen microalgal con perfil vegano, trazabilidad productiva y una promesa de mayor sostenibilidad frente al aceite de pescado, en un momento en que la industria global de ingredientes funcionales acelera la búsqueda de fuentes alternativas de EPA y DHA.
El proyecto, liderado por la investigadora Mónica Vásquez y respaldado por ANID y Fundación Copec UC, inauguró en enero de 2026 una planta piloto en la Estación Costera de Investigaciones Marinas de Las Cruces, operada por Phytohunt SpA, spin-off en la que participa la universidad.
La instalación, de 100 metros cuadrados, opera con 36 fotobiorreactores de 350 litros y apunta a producir entre 5 y 10 kilos mensuales de biomasa seca en esta etapa inicial. El objetivo no es solo fabricar cápsulas: la estrategia contempla abastecer a la industria como ingrediente B2B para suplementos, nutracéuticos y alimentos formulados, desde snacks, pastas y panificados hasta matrices funcionales con antioxidantes incorporados. Esa versatilidad abre una ventana atractiva para fabricantes que buscan enriquecer portafolios con claims asociados a nutrición avanzada, origen no animal y menor presión sobre recursos marinos.
La clave tecnológica está en el origen del omega 3 de cadena larga. A diferencia de los vegetales terrestres, que aportan principalmente ALA, las microalgas pueden producir directamente EPA y DHA, los compuestos más valorados por su rol fisiológico. Los peces no los generan de forma primaria: los acumulan a partir de su alimentación. Al prescindir de esa etapa extractiva, el modelo chileno intenta acortar la cadena y capturar valor donde realmente nace el nutriente. Además, el cultivo se realiza con agua de mar, luz solar y aire, aprovechando el CO2 como insumo para generar biomasa rica en lípidos y compuestos antioxidantes.
La literatura técnica sostiene que EPA y DHA participan en funciones celulares críticas, incluyendo integridad de membranas, modulación inflamatoria, metabolismo lipídico y señalización neuronal. En adultos, distintas referencias regulatorias y científicas ubican en torno de 250 miligramos diarios de EPA+DHA una ingesta de referencia para mantenimiento de la salud, mientras que dosis mayores se estudian en contextos cardiometabólicos específicos. El interés industrial, por eso, ya no se limita al segmento de suplementos: también crece en alimentos fortificados y formulaciones orientadas a envejecimiento saludable, salud cardiovascular y bienestar cognitivo.
En paralelo, la presión por reemplazar insumos marinos gana peso estratégico. Organismos internacionales y revisiones científicas vienen señalando a las microalgas como una de las rutas más prometedoras para diversificar la provisión de lípidos omega 3 sin depender exclusivamente del aceite de pescado. Para Chile, con capacidades científicas instaladas, infraestructura costera y una industria alimentaria atenta a ingredientes premium, el proyecto suma una capa adicional de interés: combina transferencia tecnológica, bioprocesos y escalamiento con una narrativa cada vez más demandada por inversionistas y compradores globales.
El desarrollo todavía se encuentra en fase piloto y debe validar producción continua, rendimiento, costos y desempeño en aplicaciones comerciales. Aun así, el movimiento ya marca una señal concreta para el ecosistema regional: la carrera por los ingredientes funcionales del futuro se juega tanto en el laboratorio como en la planta. Y en ese tablero, las microalgas dejaron de ser una promesa académica para empezar a convertirse en plataforma industrial.



