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Las mypes de alimentos sostienen la base industrial del Perú

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El Perú cuenta con 198.583 micro y pequeñas empresas industriales formales, que representan el 98,9% del tejido empresarial manufacturero del país, el universo total asciende a 200.870 empresas industriales en 2025, de las cuales 186.132 son microempresas y 12.451 pequeñas, mientras que las medianas suman apenas 470 y las grandes 1.817.

La cifra confirma una recuperación sostenida: tras caer a 152.769 unidades en 2020, el segmento superó los 195.865 registrados en 2019 y hoy se ubica ligeramente por encima de ese umbral.

La alimentación, tercer pilar del entramado

Dentro de esa base, la industria de alimentos y bebidas agrupa 31.769 mypes formales, el 16% del total, y se ubica en tercer lugar detrás de textil y confecciones, con 23,5%, y metalmecánica, con 21,3%. Le siguen muebles, edición e impresión y madera. Se trata de un segmento de peso propio, formado en su mayoría por panaderías, procesadoras de lácteos, embutidos, conservas, snacks, bebidas y elaboradores de productos regionales, que abastecen mercados locales y comienzan a proyectarse hacia canales más amplios.

La concentración geográfica es marcada. Lima y Callao reúnen el 54,6% de las mypes industriales, seguidas por Arequipa, con 5,6%, y La Libertad, con 4,5%. Esa distribución revela una oportunidad pendiente para la agroindustria de provincias, donde se encuentran los insumos primarios pero escasea la capacidad instalada de transformación.

Formalizarse, condición para crecer en alimentos

En el rubro alimentario, la formalidad no es un trámite accesorio. Producir alimentos envasados exige registro sanitario, control de procesos y cumplimiento de buenas prácticas de manufactura, requisitos que abren la puerta a supermercados, distribuidores y programas públicos de compras. Un pequeño productor que documenta su proceso, estandariza recetas y garantiza la inocuidad puede escalar de la venta directa a contratos con cadenas de retail, algo inviable en la informalidad.

La ciencia de alimentos ofrece herramientas que las mypes pueden aprovechar sin grandes inversiones: control de actividad de agua y pH para extender la vida útil, envasado en atmósfera modificada, deshidratación y pasteurización adecuadas. Estas técnicas reducen mermas y permiten llegar a mercados más distantes con productos estables, un factor decisivo en un país de geografía compleja y cadenas de frío todavía limitadas.

El desafío de la productividad y la exportación

El reto de fondo es la productividad. Más del 92% de las unidades industriales son microempresas, con escalas reducidas que encarecen el acceso a financiamiento, maquinaria y certificaciones. Aun así, el potencial exportador existe: más de 7.600 empresas industriales formales del país ya venden al exterior, y cerca de dos tercios de ellas son mypes, evidencia de que el tamaño no impide competir cuando el producto tiene diferenciación.

En alimentos, esa diferenciación suele estar en el origen: cacao fino, café de altura, frutas tropicales, granos andinos y derivados con identidad regional. La proyección de mayores inversiones en la industria no primaria, que favorecería la producción de alimentos y bebidas, refuerza el escenario.

Una agenda de fortalecimiento

Ampliar la base productiva, impulsar la formalización y generar condiciones para que las empresas más pequeñas crezcan se perfila como la prioridad. Para la industria alimentaria, eso implica facilitar el acceso a crédito, asistencia técnica en inocuidad y centros de innovación que acerquen tecnología a productores dispersos. Si esa agenda avanza, el enorme contingente de mypes que hoy sostiene la manufactura de alimentos podría convertirse en un motor más dinámico de empleo, valor agregado y exportaciones.

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