El segmento de alimentos y bebidas más valioso del planeta acaba de renovar su fotografía. El Top 20 mundial de marcas de esta categoría, elaborado por Kantar BrandZ en su 21ª edición, suma un valor conjunto de 309,400 millones de dólares, un salto del 8% respecto al año anterior y una señal de que el negocio de alimentos y bebidas sigue creciendo pese a la presión inflacionaria y los cambios en los hábitos de consumo a nivel global.
Coca-Cola conserva la primera posición con una holgura que parece inalcanzable: su marca vale 113,000 millones de dólares, una cifra que casi quintuplica a la del segundo lugar. Ese liderazgo se sostiene desde hace más de una década y coincide con el cambio reciente al frente de la compañía, que en marzo de este año puso a Henrique Braun como nuevo director ejecutivo global tras años de expansión sostenida de la marca en mercados emergentes.
El verdadero fenómeno del ranking, sin embargo, está en el segundo puesto. Red Bull escaló a un valor de 24,178 millones de dólares, con un crecimiento interanual del 22%, superando ampliamente el desempeño del resto de la categoría. Analistas de la industria explican ese salto por una estrategia de inversión sostenida en música, deportes extremos y cultura urbana, que transformó a la marca en algo más cercano a una plataforma cultural que a un simple energizante. El tercer lugar quedó en manos de Nongfu Spring, la embotelladora china de agua que disparó su valor un 71% en apenas un año, la variación más pronunciada de todo el listado y una muestra del peso creciente que el gigante asiático tiene sobre el consumo global de bebidas.
Pepsi, en cambio, retrocedió 3% y quedó en el cuarto puesto con 16,242 millones de dólares, mientras que Lay's se consolidó como la marca de snacks más valiosa de la categoría, con un alza del 8%. Entre las sorpresas del año aparece Eastroc Super Drink, otra marca china de bebidas energéticas que debutó directamente en el puesto 19, evidenciando que China ya no solo participa del ranking global sino que empieza a moldearlo.
Detrás de estas cifras hay una lectura estructural sobre qué está impulsando realmente el valor de marca en el sector. Según la metodología de Kantar, que descompone la demanda en tres dimensiones —relevancia, diferenciación y notoriedad—, el poder de demanda de las marcas de alimentos y bebidas en 2026 se explica en 42% por notoriedad, 38% por relevancia y apenas 20% por diferenciación. En cambio, cuando se analiza el poder de fijación de precios, la relevancia pasa a ser el factor dominante con 47%, seguida de la diferenciación con 46%. Esa brecha resume por qué las marcas que logran conectar con lo que realmente le importa al consumidor no solo venden más, sino que pueden cobrar más: según datos de la consultora, una marca percibida como significativa puede crecer hasta 35% en valor en apenas siete años.
Dos rutas de crecimiento se perfilan como las más prometedoras para el sector de cara a los próximos años. La primera pasa por profundizar los vínculos con los consumidores a través de valores como bienestar, sostenibilidad y confianza, integrándose a los rituales cotidianos de las personas de forma auténtica. La segunda apunta a explorar territorios más allá del terreno tradicional: la salud, mediante etiquetas más limpias y beneficios funcionales; el placer, especialmente en formatos prácticos tipo snack; y nichos premium con sabores poco convencionales y empaques más sostenibles.
Para la industria, el mensaje del ranking 2026 es claro: las marcas que reformulen productos con agilidad, testeen rápido y detecten microsegmentos emergentes de consumo tendrán mayores probabilidades de mantenerse relevantes en un mercado donde la lealtad del consumidor cada vez depende menos del precio y más del significado que una marca logra construir.



