FoodNewsLatam - Almacenamiento inadecuado de tortillas acelera deterioro y riesgos sanitarios

Almacenamiento inadecuado de tortillas acelera deterioro y riesgos sanitarios

Internacional Control Calidad

El manejo doméstico de alimentos básicos como las tortillas enfrenta una revisión creciente desde la ciencia alimentaria. Una práctica ampliamente extendida —guardar tortillas calientes en bolsas plásticas— está bajo cuestionamiento por sus efectos sobre la calidad sensorial y la inocuidad del producto.

Investigaciones recientes advierten que este hábito puede acelerar el deterioro, comprometer la textura e incluso favorecer la proliferación de microorganismos no deseados.

El problema comienza con un fenómeno físico simple: la liberación de vapor. Cuando una tortilla recién hecha se introduce en un envase hermético de plástico, el vapor de agua queda atrapado y se condensa en la superficie. Este microambiente húmedo eleva la actividad de agua, un parámetro clave en microbiología alimentaria que determina la capacidad de crecimiento de bacterias, levaduras y hongos. En estas condiciones, el riesgo de aparición de moho aumenta significativamente en pocas horas, especialmente en climas cálidos o húmedos.

Además del impacto microbiológico, la humedad retenida modifica la estructura del alimento. Las tortillas, elaboradas principalmente a partir de maíz o trigo, contienen almidones que reaccionan a la temperatura y la humedad. El exceso de vapor provoca que la superficie se vuelva pegajosa, afectando la manejabilidad y la experiencia de consumo. Este cambio también puede acelerar reacciones de degradación que reducen la frescura percibida.

El almacenamiento en refrigeración, aunque reduce la velocidad de crecimiento microbiano, introduce otro desafío técnico: la retrogradación del almidón. Este proceso ocurre cuando las cadenas de almidón se reorganizan a bajas temperaturas, provocando pérdida de elasticidad y endurecimiento del producto. En términos prácticos, las tortillas refrigeradas tienden a volverse quebradizas y menos palatables, incluso si se recalientan posteriormente.

Frente a este escenario, la congelación emerge como una alternativa más eficiente para prolongar la vida útil sin comprometer la calidad estructural. A temperaturas de congelación, la actividad microbiana se detiene casi por completo y las transformaciones del almidón se ralentizan, permitiendo conservar mejor la textura original tras el descongelado.

Otro aspecto relevante es el riesgo asociado a los materiales de empaque. No todos los plásticos están diseñados para soportar altas temperaturas o contacto directo con alimentos calientes. Cuando se utilizan bolsas no aptas para uso alimentario o microondas, existe la posibilidad de migración de compuestos químicos hacia la comida, especialmente bajo condiciones de calor. Este fenómeno ha sido documentado en estudios sobre seguridad alimentaria, que recomiendan utilizar envases certificados y evitar recalentar alimentos en plásticos no adecuados.

Desde la perspectiva sanitaria, la presencia visible de moho en tortillas es una señal inequívoca de contaminación. Algunos hongos pueden producir micotoxinas, compuestos potencialmente nocivos para la salud humana. En estos casos, la recomendación es clara: desechar el producto completo. Retirar solo la parte visible no elimina el riesgo, ya que las esporas pueden haberse diseminado en toda la superficie.

En un contexto donde la reducción del desperdicio alimentario es prioritaria, adoptar prácticas adecuadas de almacenamiento resulta clave. Permitir que las tortillas se enfríen antes de guardarlas, utilizar recipientes transpirables o envolturas de tela y optar por congelación para periodos prolongados son medidas simples que contribuyen a preservar calidad, seguridad y valor nutricional en el consumo cotidiano.

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