La proteína láctea dejó de ser un ingrediente exclusivo de los suplementos deportivos y avanza sobre categorías tan diversas como el agua mineral, los snacks y hasta la cerveza. En Brasil, la tendencia está transformando la estrategia de la industria láctea, que enfrenta una demanda creciente de suero de leche y concentrados proteicos, precios internacionales en máximos y la necesidad de ampliar su capacidad de procesamiento.
El caso más llamativo es el de Ambev, que lanzó en julio la Spaten Pro, una cerveza sin alcohol con 10 gramos de proteína por lata de 350 mililitros. Desarrollada en el centro de innovación de la compañía en Río de Janeiro, es la primera cerveza de este tipo dentro del grupo AB InBev. Por su parte, la startup Mineral Pro lanzó en febrero una bebida a base de agua mineral y whey con 10 gramos de proteína por cada 250 mililitros, y vendió entre 200.000 y 250.000 unidades en poco más de seis meses.
Las grandes compañías también aceleran. Lactalis subió la participación de los productos con whey a 4,8% de su facturación en Brasil, frente a 2,4% en 2023, y apunta a 7% en 2028. Nestlé planea duplicar sus categorías proteicas hasta 2028, con lanzamientos como Nescau Protein listo para beber. Vigor, a su vez, presentó un yogur griego con 10 gramos de proteína, cero azúcar añadido y cero lactosa.
Del lado de los ingredientes, JBS creó Genu-in Solutions, una unidad que ayuda a otras empresas a desarrollar alimentos y bebidas con más proteína a partir de péptidos de colágeno y gelatina. Sus proyectos han incluido yogures, requesón, barras, aguas proteicas y cervezas sin alcohol.
Los números explican el interés. La categoría de alimentos con proteína añadida mueve cerca de 2.000 millones de reales al año en Brasil y creció 12% en el primer trimestre de 2026, el doble del ritmo de las proteínas convencionales. Aun así, el margen de crecimiento sigue siendo amplio: alrededor de 52% del mercado estadounidense de yogures corresponde a productos con alta concentración proteica, frente a apenas 3% en Brasil.
Detrás de la demanda confluyen varios factores. El uso creciente de medicamentos para el control de peso eleva la preocupación por preservar la masa muscular. A eso se suman la búsqueda de un envejecimiento saludable y la difusión de la nutrición proteica en redes sociales, que llevó el tema del ámbito profesional al consumo masivo.
La presión se refleja en los precios. El concentrado de proteína de suero WPC80 en Estados Unidos pasó de unos 10.000 dólares por tonelada a comienzos de 2025 a 28.000 dólares en agosto de 2026. El aislado WPI, por su parte, subió 47%, hasta 32.000 dólares. Brasil, que produce más de 35.000 millones de litros de leche al año, importa cerca de 70% del WPC80 y el WPI que consume.
Esa dependencia está impulsando inversiones:
Sooro Renner construye en Francisco Beltrão, Paraná, una planta de más de 1.000 millones de reales que casi duplicará su capacidad a partir de 2027.
Piracanjuba invierte más de 500 millones de reales en un complejo integrado en São Jorge d’Oeste, con capacidad para hasta 6.000 toneladas anuales de whey.
Tirolez arrienda una planta en Minas Gerais capaz de procesar 480.000 litros de suero por día.
Para la industria láctea, el cambio es estructural. El suero, durante décadas un subproducto de bajo valor de la fabricación de quesos, se ha convertido en un activo estratégico, al punto de que las nuevas queserías ya se diseñan con procesamiento de whey integrado desde el inicio.














