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México consume 410 huevos por persona y Jalisco domina la producción

México Cárnicos

México se mantiene entre los países con mayor consumo de huevo del mundo, con alrededor de 410 piezas por persona al año, algo más de una diaria. Según la Unión Nacional de Avicultores (UNA), el consumo per cápita fue de 24,19 kilos en 2025, ligeramente por debajo de los 24,8 kilos de 2024. La cifra confirma el papel del huevo como una de las proteínas animales más accesibles y presentes en la dieta de los hogares mexicanos.

La producción nacional de huevo para plato alcanzó en 2024 alrededor de 3,3 millones de toneladas, suficiente para abastecer la mayor parte del mercado interno. El rasgo más distintivo de la industria es su alta concentración geográfica: Jalisco aporta cerca de 54% de la producción total, muy por encima de otros estados productores como Puebla y Sonora.

El liderazgo de Jalisco se explica principalmente por la región de los Altos. Allí se desarrolló durante décadas un clúster avícola integrado por granjas de gran escala, plantas de alimento balanceado, empresas de genética, incubadoras, transportistas y distribuidores. Esa concentración ha permitido economías de escala y una eficiencia operativa que se reflejan en precios competitivos para el consumidor.

Sin embargo, la misma concentración es un riesgo para la seguridad alimentaria. Un problema sanitario, logístico o económico en las principales zonas productoras podría alterar la distribución y la disponibilidad del producto en todo el país. El antecedente más claro ocurrió en 2012, cuando un brote de influenza aviar en Jalisco obligó a sacrificar millones de aves y disparó el precio del huevo a nivel nacional. Desde entonces, la bioseguridad, la vacunación y la vigilancia epidemiológica son prioridades estratégicas para el sector.

Otro factor de vulnerabilidad es el alimento para las aves, que representa la mayor parte del costo de producción. La industria depende en buena medida de importaciones de maíz amarillo y pasta de soya, principalmente desde Estados Unidos. Por eso, las variaciones en los precios internacionales de los granos y en el tipo de cambio inciden directamente en la rentabilidad de los productores y en el precio final.

La demanda de huevo se reparte entre los hogares y el canal institucional y comercial, que incluye restaurantes, hoteles, panaderías y comedores. En destinos turísticos como Quintana Roo, la demanda de hoteles y restaurantes se suma a la de la población local. El abastecimiento depende de proveedores y distribuidores que traen el producto desde las zonas de producción, por lo que los costos logísticos pueden reflejarse en los precios al consumidor.

La cadena productiva del huevo abarca la fabricación de alimento balanceado, la operación de granjas, el transporte, el almacenamiento, la distribución y la comercialización, y genera empleo en múltiples regiones del país. A ello se suma un segmento industrial que produce huevo líquido, deshidratado y pasteurizado para la industria de alimentos, la panificación y los servicios de comida, una categoría con potencial de crecimiento por su practicidad y seguridad.

Para el sector, los retos de los próximos años pasan por:

- Diversificar geográficamente la producción
- Fortalecer la bioseguridad
- Usar el alimento de forma más eficiente
- Avanzar en productos de mayor valor agregado, como huevos enriquecidos, de gallinas libres de jaula o con otros atributos diferenciados, que responden a consumidores cada vez más atentos al bienestar animal y a la calidad nutricional

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