Entre Ríos es la segunda provincia ganadera de Argentina con más de 4.2 millones de cabezas bovinas, responsable del 10% del stock nacional y con una cadena cárnica que exporta más de 400 millones de dólares anuales, pero durante décadas, una parte significativa de los insumos que alimentan esa ganadería salían de la provincia sin transformación local.
Ese modelo empezó a cambiar este jueves con la inauguración de la nueva planta de alimentos balanceados de la Cooperativa La Ganadera en Hasenkamp, una inversión de 3 millones de dólares que convierte la materia prima regional en nutrición animal de valor agregado, retiene empleo en el interior profundo y se inscribe como uno de los proyectos más concretos del Régimen de Incentivo a las Nuevas Inversiones provincial.
El gobernador Rogelio Frigerio encabezó el acto de inauguración y formalizó la adhesión de La Ganadera al RINI, el instrumento de política industrial con el que Entre Ríos busca atraer y retener inversión privada mediante beneficios fiscales escalonados. El balance del régimen al día de hoy es contundente: 140 empresas adheridas, 400,000 millones de pesos en inversiones comprometidas y 2,500 puestos de trabajo nuevos en cartera. El municipio de Hasenkamp reforzó esa apuesta con un decreto de exención impositiva por 10 años, una señal de que la articulación entre provincia y municipio es uno de los factores que está haciendo funcionar el esquema.
La planta opera con maquinaria totalmente automatizada de última generación y producirá alimentos balanceados para rumiantes —inicialmente orientados a vacunos— en formatos peletizados y en harina. La demanda que justifica la inversión tiene sustento en números concretos: el mercado argentino de alimentos balanceados para bovinos supera las 500,000 toneladas anuales, y la zona de influencia de Hasenkamp concentra miles de productores ganaderos que actualmente deben trasladarse o importar insumos de otras regiones para alimentar su hacienda con productos formulados técnicamente. Contar con producción local reduce costos logísticos, acorta tiempos de abastecimiento y permite ajustar las fórmulas a las necesidades específicas de los rodeos de la zona.
Fabián Leichner, presidente de La Ganadera, sintetizó la filosofía del proyecto con precisión: la materia prima de la región se queda, se transforma y genera empleo genuino en origen. Esa lógica de industrialización descentralizada es uno de los grandes desafíos del agro argentino, donde históricamente los eslabones de mayor valor —procesamiento, formulación, marca— se concentran en los grandes centros urbanos mientras el interior exporta commodities sin capturar la rentabilidad que genera su propia producción primaria.
El componente de sostenibilidad es otro diferencial del proyecto. La planta incorpora energías renovables en su operación, un criterio que Leichner estableció como condición no negociable: producir más nunca debe significar producir a cualquier costo. En un contexto donde los compradores internacionales de carne argentina exigen cada vez más evidencia de trazabilidad ambiental en toda la cadena productiva —desde el grano que come el animal hasta el corte que llega al mercado— esa decisión tiene valor tanto en términos operativos como de posicionamiento exportador.













