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Envases activos e inteligentes con nanosensores para evitar el despilfarro de alimentos

Control Calidad Europa

Los envases inteligentes indican en su etiqueta si los productos están en buenas condiciones para ser consumidos. Aportan un mayor control del alimento, lo que supone mayor seguridad alimentaria y menor desperdicio.

Cuando el estado de conservación de un alimento no es el adecuado, los microorganismos patógenos pueden proliferar y producir toxinas que estropeen el alimento, alteren su sabor y ocasionen infecciones digestivas potencialmente graves. Son peligrosas y sus efectos no siempre son detectables con la vista o el olfato.

Aquí entran en juego los envases activos. Te contamos las últimas novedades que aporta la nanotecnología en la seguridad alimentaria a través de los envases.

Envases activos e inteligentes con nanosensores
Los envases activos incorporan nanopartículas que reaccionan con esas toxinas alertando de que ese alimento no está en buen estado. Un ejemplo son las nanopartículas magnéticas de óxido de hierro, que detectan si hay listeria en la leche, o las de oro para revelar las aflatoxinas de los frutos secos.

Estos nanosensores, conocidos entre los expertos en calidad como “nanocódigos de barras biológicos”, funcionan como indicadores de colores y están llamados a convertirse en una excelente herramienta en el ámbito de la seguridad alimentaria. Son envases que incorporan una especie de sello o un film al que se le añaden partículas de óxido de metal y cambia de color si el producto que se almacena en ellos no reúne las cualidades que el consumidor espera.

Sus aplicaciones son innumerables

Pueden detectar niveles elevados de histamina en el pescado, sulfitos en mariscos o nitritos en la carne y así evitar que aquellos con cantidades más altas de las permitidas puedan llegar a los consumidores.

También ayudan a conocer el estado del alimento durante su transporte por toda la cadena de suministro. Incluso cuando el alimento a simple vista parece apto para el consumo y la etiqueta dice que aún no ha caducado, estos envases avisarían si se ha producido algún contratiempo durante el proceso logístico y el alimento ha sufrido una degradación de las proteínas o el enranciamiento de los ácidos grasos, por ejemplo.

En estos productos la etiqueta con la fecha de consumo preferente señalará que es apto para el consumo, pero el indicador colorimétrico alertará de que no.

Una tercera función es la de detectar el fraude puro y duro. Si una empresa pretende vender como bio un producto que lleve fertilizantes, pesticidas no autorizados, el envase cambiará de color.nvestigación de envases activos en España.

En nuestro país ya existen proyectos en marcha trabajando sobre estos envases activos. La asociación de empresas de alimentación y centros de investigación gallegos, Clusaga, lidera el proyecto FoodTechINK, un programa de investigación sobre cómo aplicar los nuevos indicadores colorimétricos en la industria alimentaria con el objetivo de monitorizar la calidad y la cadena de frío en alimentos frescos envasados. Cuenta con financiación del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y en él participan el Centro Tecnológico de la Carne (CTC) y las empresas ColorSensing, Cofrico y el grupo Eroski.

Con la vista puesta en reducir el desperdicio alimentario, entre 2016 y 2019, la Unión Europea financió el proyecto Nanopack, una investigación sobre embalajes antimicrobianos con nanopolímeros que soltaban paulatinamente aceites esenciales. Se logró inhibir el moho del pan tres semanas, alargar la vida de las cerezas un 40 % y la del queso amarillo un 50 %. “Trabajamos con muchos tipos de alimentos frescos, pan, repostería, lácteos y proteínas cárnicas.

El objetivo es encontrar la mejor combinación y concentración de aceites esenciales y el mejor formato de embalaje para cada uno”, explicaba Elisa Valderrama, participante en el proyecto e investigadora en el Centro Tecnológico Alimentario (CTIC-CITA) de La Rioja.

Retos de esta nanotecnología

Ester Segal, coordinadora del proyecto, reconocía que la tecnología existe, “pero hay que lograr la aceptación de los consumidores”. Los que trabajan en estos proyectos ya tienen el ejemplo de las reticencias que causan los transgénicos. El dilema con el que se encuentran es cómo comunicar estos avances para que no haya una parte de la sociedad que se cierre en banda por miedos infundados.

Envases inteligentes: estas son las ventajas para los consumidores
También necesitan el visto bueno de las autoridades sanitarias, un trámite que la urgencia de la pandemia ha retrasado sobremanera.

Sin olvidar que el alza de los precios de los alimentos y las materias primas dificultan a corto plazo la introducción de tecnologías que, si bien podrían mejorar la seguridad alimentaria, encarecerán seguro el envasado. Y hay que ser realistas: cualquier nueva incorporación que encarezca la cesta de la compra en un momento tan inflacionista como el actual tiene difícil prosperar.

Pero ¿estos productos serían más caros? Evidentemente, todos los avances que se añadan encarecerán la producción. Ese sobrecoste se puede compensar con la posibilidad de alargar la vida útil del producto varios días más allá de la fecha de consumo preferente. Pero, ese sobrecoste también puede repercutir en el producto final, como un plus que el consumidor paga para tener más información acerca de lo que compra. Por ejemplo, este tipo de tecnología se puede emplear solo para frutas ecológicas seleccionadas, ya más caras de salida.

En definitiva: la ciencia avanza a pasos vertiginosos, incluso en el ámbito más minúsculo. Sin duda, mucho más rápido de lo que las autoridades de seguridad alimentaria alcanzan a aprobar. Ambas velocidades son comprensibles y necesarias para que lo que comamos mañana sea mejor, pero también, más seguro.

Envases inteligentes para evitar el despilfarro de comida, en la actualidad, para decidir si un producto puede o no consumirse, solo hay dos herramientas:

la fecha de caducidad impresa en el envase, el control en el supermercado para localizar un deterioro evidente producido, entre otras, por una excesiva temperatura o humedad durante el transporte o almacenamiento.

Incluso si el producto está envasado en atmósfera modificada, la fiabilidad no es del 100 %. Los controles de calidad en la fábrica para detectar fugas en los envases son invasivos, es decir, destruyen el producto. Esto hace que los chequeos de calidad sean por muestreo y aleatorios, de forma que no se puede garantizar la seguridad en el 100 % de los envases.Aplicar un packaging activo con indicadores de colores ayudaría a saber cómo está realmente un alimento fresco sin tener que romper el envase.

De esta forma se contribuiría a reducir el despilfarro alimentario

¿Cómo encajaría el consumidor comprar un producto cuyo envase lleve una imprimación de nanometales? Algunos estudios revelan que los beneficios del envase activo chocan con la mentalidad del consumidor. Alargar la vida útil de un producto en el supermercado parece una contradicción con el concepto de frescura, interpretado normalmente como de “envasado reciente” y no como “en buen estado”.

Hará falta, pues, mucha pedagogía para vencer esas reticencias, aunque según la tecnóloga de los alimentos Beatriz Robles, acabarán implementándose a medio plazo. “Este tipo de tecnología aporta un mayor control del alimento, que, a su vez redunda en mayor seguridad alimentaria y menor desperdicio. Si lo enmarcamos, además, en un contexto en el que el comercio online de alimentos frescos también está creciendo, es lógico pensar que pronto vendrán con su etiqueta indicándonos cómo han sido transportados y si están en buenas condiciones para ser consumidos”, explica la tecnóloga y nutricionista.

Si las etiquetas con la fecha de caducidad nos enseñaron a mirar el papel y no el alimento para saber si un filete estaba en buen estado, tal vez en un futuro no tan lejano tengamos que aprender a mirar el envase.

¿Es segura la tecnología de las nanopartículas?
La posible acumulación de las nanopartículas y la falta de estudios concluyentes acerca de sus posibles efectos es uno de los grandes escollos para su aplicación masiva. “Cada vez son más las aplicaciones de la nanotecnología descritas para la industria alimentaria y la previsión es que sus usos vayan en aumento debido a las ventajas que ofrecen las propiedades de estos materiales. Debido precisamente a estas propiedades especiales de los nanomateriales, existe preocupación acerca de su seguridad, sobre todo por el limitado conocimiento sobre los efectos de estos materiales en la salud humana y porque la exposición vaya en aumento”, explica Amaia de Ariño Otxoa, responsable de riesgos alimentarios de la Fundación Vasca para la Seguridad Agroalimentaria (Elika).

Es decir, todavía son necesarios más estudios para valorar la seguridad de estos productos y que se apruebe su comercialización.

No llegarán al mercado europeo alimentos que no sean completamente seguros. Si tomamos como ejemplo los alimentos transgénicos y la desconfianza que suscitan en parte de la población, los responsables de consumo, fabricantes y autoridades de seguridad alimentaria deberían aprovechar esta lenta implementación para preparar las estrategias informativas frente a los probables recelos de parte de los consumidores.

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