Enviar humanos a Marte no se resuelve únicamente con un cohete capaz de hacer el viaje: alimentar a la tripulación durante meses, sin posibilidad de reabastecimiento desde la Tierra, es uno de los problemas logísticos más complejos de cualquier misión de larga duración.
La NASA, junto con la Agencia Espacial Canadiense, lanzó el desafío Mars to Table para buscar soluciones concretas a ese problema, y acaba de premiar con 300.000 dólares al proyecto ganador: Adaptive Nourishment Infrastructure, conocido como ANI.
Una granja-cocina pensada para el circuito cerrado
El sistema, desarrollado por la científica Chinyere Ukeje, funciona como una especie de granja-cocina autosuficiente capaz de producir cerca de la mitad de los alimentos que necesitaría una tripulación de 15 astronautas durante 500 soles marcianos, el equivalente a unos 513 días terrestres. La propuesta combina cuatro componentes tecnológicos: agricultura en ambientes controlados, fermentación, cultivo de hongos y biorreactores de reciclaje de nutrientes que recuperan recursos en circuito cerrado para reintroducirlos en el proceso productivo en lugar de descartarlos, un principio de economía circular llevado al extremo que exige la vida fuera del planeta.
La elección de estos cuatro pilares no es casual desde el punto de vista de la ingeniería alimentaria: los hongos y los procesos fermentativos permiten generar proteína y biomasa comestible con requerimientos de espacio, agua y energía mucho menores que la ganadería convencional, mientras que la agricultura en ambientes controlados, cultivos bajo luz artificial, sustratos hidropónicos o aeropónicos y atmósfera regulada, resuelve el problema de cultivar vegetales frescos en un entorno sin suelo fértil ni presión atmosférica apta para la vida al aire libre.
El resto del podio apunta en la misma dirección
El segundo lugar del certamen, con un premio de 200.000 dólares, correspondió a Cislune, equipo de California que presentó el sistema Fresh, Ferment, Reserve, basado también en cultivos y fermentación combinados con una reserva limitada de alimentos transportados desde la Tierra. La NASA entregó además tres premios adicionales de 50.000 dólares cada uno a otras propuestas presentadas en el certamen, que exigía a cada equipo entregar un diseño completo del sistema, un menú detallado, protocolos de funcionamiento y un video explicativo del proceso.
De la Estación Espacial a una colonia marciana
El desafío original, desarrollado entre 2021 y 2024, buscaba inicialmente prototipos aplicables a misiones relativamente cercanas, similares a las que hoy se desarrollan en la Estación Espacial Internacional. Pero una misión a Marte plantea exigencias de otra escala: la distancia impide cualquier reabastecimiento de emergencia, y el costo de transportar toda la comida necesaria desde la Tierra implicaría reservar una cantidad enorme de masa y espacio de carga en las naves, un problema que convierte a la autosuficiencia alimentaria en requisito no negociable para cualquier estadía prolongada en el planeta rojo.
Todavía un concepto, no una tecnología lista para instalar
Pese al entusiasmo del anuncio, el sistema ANI sigue siendo, por ahora, un concepto de diseño y no una tecnología lista para desplegarse en una misión real. Su desarrollo, sin embargo, aporta un antecedente relevante para la industria de alimentos terrestre: las mismas tecnologías de fermentación de precisión, cultivo de hongos como fuente proteica y sistemas de agricultura controlada que se perfeccionan pensando en Marte ya encuentran aplicación comercial en la Tierra, donde empresas de biotecnología alimentaria exploran estas mismas herramientas para producir proteína alternativa con menor huella ambiental que la ganadería tradicional.













