Las bolsas de té comerciales pueden liberar enormes cantidades de micro y nanopartículas de plástico al entrar en contacto con el agua caliente. Así lo indica una investigación que analizó tres de los materiales más usados en su fabricación: nailon-6, polipropileno y celulosa. El estudio reaviva el debate sobre la presencia de plásticos en los envases y materiales en contacto con alimentos y bebidas.
Las bolsas de polipropileno registraron la mayor liberación, con alrededor de 1.200 millones de partículas por mililitro de infusión. Los otros dos materiales también desprendieron partículas, aunque en cantidades bastante menores. Para identificarlas, los investigadores, vinculados a la Universidad Autónoma de Barcelona, usaron microscopía electrónica y espectroscopia infrarroja, técnicas que permiten determinar el tamaño, la forma y la composición química de las partículas.
El trabajo incluyó además experimentos con células intestinales humanas. Las células mucosas HT29-MTX absorbieron una cantidad notable de partículas de polipropileno, mientras que las células epiteliales Caco-2 incorporaron sobre todo las de nailon-6. Estos resultados indican que las partículas pueden interactuar con el tejido intestinal. Sin embargo, los ensayos con células no equivalen a una evaluación clínica y no demuestran que tomar té preparado con estas bolsas cause enfermedades.
Los hallazgos se suman a una línea de investigación que en los últimos años ha documentado la liberación de microplásticos desde distintos materiales en contacto con alimentos, como envases, botellas, recipientes para microondas y utensilios de cocina. El calor es un factor determinante, porque acelera la degradación de los polímeros y favorece el desprendimiento de partículas. Por eso, las bebidas calientes son un escenario de especial interés para la investigación.
Para la industria de bebidas y empaques, el tema tiene implicaciones crecientes. Muchas bolsas de té de tipo pirámide, consideradas de mayor calidad, se fabrican con nailon u otros polímeros. Además, buena parte de las bolsas tradicionales de papel incorporan fibras plásticas, como el polipropileno, para facilitar el sellado térmico. Los consumidores suelen desconocer esta composición, que rara vez se detalla en la etiqueta.
La presión regulatoria y la demanda de transparencia empiezan a cambiar las decisiones de los fabricantes. Algunas marcas han pasado a bolsas de fibras vegetales con sellado sin plástico, o a materiales como el ácido poliláctico de origen vegetal, aunque este también es un polímero cuyo comportamiento frente al calor todavía se estudia. El té en hoja suelta, preparado con filtros metálicos o de tela, es una alternativa para los consumidores que buscan reducir su exposición.
El interés científico por los microplásticos y nanoplásticos en la dieta humana ha crecido ante la evidencia de su presencia en la sangre, la placenta y otros tejidos humanos. Sin embargo, todavía no se conocen bien los efectos de la exposición crónica en la salud, y la comunidad científica coincide en que hacen falta métodos de medición estandarizados y estudios a largo plazo.
Para fabricantes de bebidas, proveedores de materiales y autoridades sanitarias, el estudio refuerza la conveniencia de revisar los materiales en contacto con alimentos en condiciones reales de uso, sobre todo en productos que se preparan con agua caliente. También es un incentivo para anticiparse a posibles exigencias regulatorias sobre la migración de partículas plásticas.














