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Burlanda en la dieta ganadera: eficiencia que exige logística precisa

Argentina Cárnicos

La burlanda, coproducto de la molienda seca del maíz destinado a bioetanol, gana lugar en las estrategias de nutrición ganadera, sobre todo en establecimientos cercanos a las plantas.

Su ventaja económica, sin embargo, se sostiene en una condición: cuidar la logística. Así lo planteó la ingeniera Analía Echeverría durante una jornada técnica realizada en Córdoba, donde resumió el riesgo en una regla simple: la primera semana conviene; en la segunda comienzan las pérdidas.

El interés tiene respaldo en números.

Al extraerse casi todo el almidón, el residuo concentra proteína, grasa y fibra: la proteína bruta ronda 30-35% frente a 8-10% del maíz, y el aporte energético se apoya en la grasa, no en el almidón, lo que reduce el riesgo de acidosis ruminal. Además, sustituye parte del expeller de soja, el insumo proteico más caro de la dieta.

En lechería se recomienda no superar 20% de inclusión, para evitar caídas en la grasa láctea.

La oferta crece. Córdoba cuenta con cuatro plantas de bioetanol, y a escala nacional se proyecta para 2026 un récord de consumo de maíz de 1.92 millones de toneladas, con una producción de bioetanol de 1,350 millones de litros, impulsada por la mezcla de hasta 15% con nafta.

Cada tonelada de maíz procesada deja cerca de 300 kilos de burlanda en base seca, equivalentes a una tonelada de producto húmedo con 65% de humedad; para este año se estiman unas 600,000 toneladas de DDGS.

El punto crítico es la humedad.

Con 65% de agua y abundantes nutrientes, el material es un sustrato ideal para el crecimiento fúngico y bacteriano.

En la primera semana proliferan levaduras y bacterias; en la segunda atacan grasa y fibra, cae la digestibilidad, los animales engordan menos y el costo por kilo producido se eleva.

Los ensayos de almacenamiento en celda, bajo calor y humedad extremos, midieron pérdidas nulas durante la primera semana y de 8% en la segunda en escenarios moderados, que llegan a 17% en veranos intensos.

Entre las alternativas de manejo, el ácido propiónico, un conservante antimicrobiano que inhibe hongos y bacterias, aplicado en dosis de 2 a 4 litros, reduce las mermas, pero con un costo elevado.

Para plazos de hasta siete días, la burlanda húmeda puede guardarse sin aditivos, si el consumo es más lento, la recomendación es aumentar la inclusión en la dieta o recurrir al silo bolsa.

El almacenamiento exige infraestructura: celdas con piso de hormigón o silo bolsa, con cuidado de evitar bolsas de aire en el compactado.

La alternativa es la burlanda seca, con 10% de humedad y una vida útil de hasta ocho meses embolsada, aunque su precio es cerca de 30% mayor, lo que la deja en paridad de costos con el maíz y el expeller.

Por su peso en agua, la versión húmeda se transporta a granel en camiones, y el costo del flete, que se paga sobre un material con dos tercios de agua, limita la comercialización a las inmediaciones de las usinas.

A futuro, se evalúa que las plantas incorporen mecanismos que prolonguen la estabilidad del producto, aunque ello implicará nuevos costos y obligará a rediseñar la ecuación productiva.

Con la expansión del bioetanol, la disponibilidad de burlanda seguirá creciendo. Para tambos y feedlots, la oportunidad radicará en planificar compras, volumen de inclusión y almacenamiento, para no diluir el ahorro en mermas.

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